1100 Red de Doña Paula – Vinos de Altura

El vino en Latinoamérica ha enfrentado distintos y sucesivos paradigmas. El primero de ello giró en torno a que tan sólo Chile y Argentina reunían las condiciones necesarias para producir vinos de calidad por encontrase sobre la la línea de los 35 grados de latitud sur. Uruguay y Brasil fueron los primeros en rebelarse ante este supuesto demostrando con el Tannat de la costa atlántica charrúa y el Chardonnay cultivado en Rio Grande do Sul que sus tierras también podían albergar una interesante producción de mostos, a lo que en los últimos años se han sumado un incipientes pero valioso desarrollo de cultivos en las zonas de Ica, Perú, y Tarija, Bolivia.

Por su parte los dos grandes productores también han debido enfrentar y desafiar conceptos establecidos desde la colonia. En el caso de Chile consistió en atreverse a aproximarse al Pacífico, y es así como si hace tres décadas se inician un tímido acercamiento estableciendo cultivos a 40 km de la costa, en la actualidad encontramos plantaciones a menos de 10 km del oleaje y la familia de vinos costeros o de clima frío es uno de los principales emblemas de la producción nacional.

En tanto en Argentina, desde la explosión de la producción vitivinícola a fines del siglo XIX el cultivo de vides floreció al pies de Los Andes pero nunca se atrevió a trepar los mismos y de esta forma la cota mil se convirtió en una suerte de frontera tácita, casi como si un muro separará las tierras de viñateros de las escarpadas regiones propiedad exclusiva de crianceros y escaladores. Sin embargo hace también una treintena de años algunos enólogos, ilusos o visionarios, se atrevieron a encumbrarse sobre los 1.000 msnm y en virtud de su atrevimiento hoy los “vinos de altura” se alzan como el buque insignia de los grandes vinos argentinos.

¿Qué es lo que hace tan especial a estos vinos de altura?

Al superar los mil metros, y en la medida que vamos ascendiendo, cada cien nuevos metros de altitud implican una disminución de un grado en la temperatura promedio. Siempre se pensó que esta condición terminaría por afectar el proceso de madurez de la uvas, pero esta maduración mucho más lenta se vio compensada con la particularidad de sus suelos, limpieza de su aire y una considerablemente mayor intensidad lumínica.

La menor temperatura y las frías brisas andinas permiten conservar una mayor cuota de acidez y entregan un perfil más fresco, mientras la mayor radiación UV intensifica el color de las uvas y asegura su madurez. Finalmente los suelos pobres en nutrientes aseguran producciones estresadas donde aromas y sabor se concentran en mucho mayor medida en una considerablemente menor cantidad de racimos. De esta forma estos vinos de altura, comparados con los tradicionales y por cierto muy buenos mendocinos, se muestran más frescos y fluidos, maduros pero en ningún caso grueso, de marcada acidez y mineralidad, además de una notoria intensidad de aroma y sabor.

Actualmente los cultivos en su mayoría se emplazan hasta los 1800 msnm sin embargo algunas producciones acotadas se elevan más allá de la frontera de los dos mil metros. Lo fascinantes de los “vinos de altura” es que, como ya dijimos, cada cien nuevos metros cambia su concentración de acidez, madurez, color, aroma y sabor, lo que sumado a los ensamblajes hechos en base a partidas cultivadas a distintas alturas termina por entregarnos un abanico casi infinito de posibildades.

La mejor opción de adentrarnos en estos mostos es de la misma forma que un escalador trepa las escarpadas cumbres andinas en cuyos faldeos se emplazan estos terruños, ascendiendo paso a paso y metro a metro, comenzando desde la barrera de los mil metros, por lo que en esta escalada el 1100 Red de Doña Paula resulta un excelente punto de partida.

Review

Doña Paula se estableció en 1997 como la filial argentina de la bodega chilena Viña Santa Rita y en la actualidad cuenta con cuatro viñedos propios emplazados en distintos lugares y altitudes que van de los 1.000 a los .1350 msnm.

Red 1100 proviene del viñedo Finca Los Indios, ubicado en la localidad de San Carlos a 1.150 msnm sobre suelo franco arenoso y muy calcáreo que soporta un clima fresco y con una medio de precipitaciones de 300 mm/año, permitiendo que los tintos allí cultivados, sobre todo el Malbec, se muestren de color intenso, taninos firmes y aromas florales.

Este vino es un ensamblaje de altura 60% Malbec, 30% Syrah y 10% Cabernet Sauvignon cultivados sobre un gruesa capa de piedra caliche negra y soportando una alta amplitud térmica cercana a los 16 grados entre sus calurosos días y frías noches. Las tres cepas se cosechan en distintas semanas del mes de abril y tras su fermentación se unen en las barricas de roble francés, 20% nuevas, donde el mosto es criado entre 14 a 16 meses.

Una vez descorchado este ensamblaje se nos muestra de un tono rubí profundo y en su nariz expresa mora madura, arándano y ciruela negra además del tan argentino dulce de leche, vainilla, violeta y un suave dejo de hierba provenzal.

En boca es intenso pero sin pecar de agresivo, como es propio de estos vinos de altura resulta se siente fluido y ligero pero no por ello falto de estructura; acidez alta, tanino firme y limpio, junto a un final con notas de café expreso completan su paso en paladar.

Si nos referimos a su maridaje obviamente se mueve bien a través de todo el amplio mundo del asado gaucho, pero también es excelente alternativa para otros platos clásicos de la cocina argentina como son las pastas y pizzas rioplatenses o la dulcería en base a chocolate propia del circuito de los Siete Lagos.

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