Villard Grand Vin Le Syrah 2018

Sobre los 40° Sur los fríos vientos australes dificultan el cultivo de toda clase de frutales tal como lo podemos observar en la Patagonia chileno argentina, sin embargo en esta misma latitud Nueva Zelanda produce sus afamados Sauvignon Blanc y Pinot Noir. Los referidos vientos, también presentes en Oceanía se mueven desde el Oeste por lo que en la isla sur los Alpes Neozelandeses, inmortalizados en la escena del «encendido de las almenaras de Gondor» en el Retorno del Rey, actúan como una gigantesca muralla que permite temperaturas algo más cálidas en su flanco oriental donde se encuentra la región vitivinícola de Marlborough.

También en el Hemisferio Sur, en la línea del paralelo 33, se ubica el célebre valle del Maipo donde los cultivos se alzan en promedio hasta los 700 msnm. Sobre la cota mil tan sólo encontramos abruptas laderas que erosionadas por el viento y los deshielos no cuentan con suelo cultivable, a diferencia de la cara oriental de Los Andes donde el macizo desciende en forma mucho más gradual lo que permite la existencia de fértiles valles alto andinos, como es el caso de Uco, donde hoy los viñateros argentinos producen sus mejores Malbec, Cabernet Franc y Chardonnay.

Poco menos de un millar de kilómetros al norte, en la imaginaria línea del paralelo 29, encontramos el caluroso y húmedo Chaco paraguayo y su bosquosa extensión oriental, la Selva Misionera. Conforme avanzamos hacia el este una suave red de colinas eleva la humedad subtropical por sobre los mil msnm hasta condensarla en forma de la neblina que constituye uno de los principales recursos hídricos de la Serra Gaucha brasilera, región donde nacen algunos de las mejores burbujas al sur del Ecuador.

Las regiones vitivinícolas del extremo norte de Europa, instaladas sobre el paralelo 45 entra las que se cuentan Champagne, Alsacia, Mosel y Wachau, se caracterizan por sus noches aún largas al comienzo de la primavera y veranos de cielos nubosos por lo que la luz del sol, clave para la fotosíntesis, es un recurso particularmente preciado. Por razón de lo anterior los viñedos han prosperado en empinadas laderas junto al curso de sus ríos donde el curso fluvial refleja la luz solar y el extremo ángulo de la pendiente permite que las parras aprovechen al máximo cada rayo al no hacerse sombra entre ellas.

Las historias referidas buscan enfatizar que el éxito de un viñedo, y por consiguiente de sus vinos, no depende tan sólo de la latitud y altitud en la que se emplace, factores usualmente referidos como determinantes, como tampoco la calidad de sus suelos es garantía de una calidad superlativa, sino que es el relieve el que finalmente y por sobre todo moldea a favor o en contra las variables climáticas y de sustrato para lograr la exitosa conformación de un terroir. Es por eso que mapas satelitales junto a muestras de suelo no bastan para comprender la virtud de ciertos vinos y sólo estando en el lugar, observando la orientación de sus lomajes, entendiendo desde que punto sale y en que ángulo sale el sol, sintiendo que tan gélida es la madrugada y notando que tan largo es el ocaso podemos terminar de comprender porque determinadas uvas entregan vinos superiores a aquellas cultivadas quizás tan sólo algunos metros más allá.

En el valle de Casablanca la vitinicultura ha fructificado gracias a su cercanía con el mar que incide en un clima más frío producto de las habituales nieblas matutinas y los vientos del Pacífico al final de cada jornada. Sin embargo en toda la extensión de la región estas condiciones se manifiestan de distintas formas, virtud del relieve, lo que redunda en una serie de micro climas que hacen únicos a cada terroir.

El sector de Tapihue, donde se ubican los viñedos de Villard Fine Wines, se emplaza en el extremo nororiental y en el punto más alto del valle al final de una lengua entre las suaves colinas que paulatinamente asciende hasta alcanzar los primeros montes del cordón Zapata en la Cordillera de la Costa.

Las niebla matinal empujada desde el océano suele dispersarse con las primeras luces del amanecer, sobre todo en primavera y verano. Sin embargo el viento oeste empuja esta delgada masa nubosa en dirección oriente a través de las tierras bajas entre las colinas concentrándolas en Tapihue donde los altos montes a su espalda actúan como verdaderos «atrapa niebla» que además proyectan sombra sobre el lugar dispersándose por completo un par de horas después que el resto del valle.

Por contraparte los viñedos se ubican en los 330 msnm, sobre los doscientos cincuentas promedio de Casablanca, y además en una magnífica orientación noroeste lo que implica que al final de cada tarde continúen recibiendo luz y calor cuando buena parte de la región ya se encuentra sumergida en las sombras proyectadas por las colinas costeras.

La luz solar, la niebla y el clima parecieran ser el mismo, pero es el relieve geográfico el que concede a este terroir condiciones únicas y privilegiadas para variedades que requieren frío matinal y calor vespertino como son Chardonnay, Pinot Noir y Syrah.

Las parras de esta última cepa fueron orientadas por Villard en exclusiva a la producción de Tanagra, su vino icono y uno de los pocos en base a la variedad del Ródano que cuentan con esta condición en Casablanca; pero afortunadamente desde 2018 se extendió a Grand Vin, su colección Premium de precio más ascequible para la mayoría de sus consumidores.

Grand Vin Le Syrah expresa a la perfección las condiciones de su terroir entregándonos un vino intenso, de marcada carga frutal y cuerpo presente que bien parece provenir de un valle cálido, pero que lejos de cansar invita a pedir otra gracias a su acidez punzante que aporta sensación de ligereza y fluidez además del exquisito ramillete, en nariz y boca, de flores, hierbas y derivaciones malolácticas que nos evocan carne seca, cuero curtido y charcutería tal como solemos encontrar en los valles fríos.

Vino de profundo tono rubí y traza violeta, en su nariz entrega lavanda y violeta, mora en compota, arándano, además de oliva negra, cuero y pimienta que a pesar de su juventud no dejan de ganara presencia sumando además chacutería y piso forestal. En tanto su boca es intensa, frutal y cárnica a la vez, de acidez alta, tanino perfectamente maduro y secante que desemboca en un final largo pleno de cassis y olivas negras.

El potencial de guarda es un factor aún a definir, pero dada su intensidad y acidez debería extenderse al menos por una década, sólo queda ver que tan profundos resulten sus aromas terciarios y cuanto demoren en cubrir la riqueza frutal.

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