La Piu Belle Rosé

Si observamos la oferta de vinos en los anaqueles de nuestros supermercados y tiendas especializadas es fácil notar que hasta un 75% es destinado a la exhibición de tintos, sobre todo Cabernet Sauvignon y Carmenere, otro 20% a las variedades blancas, casi en exclusiva Sauvignon Blanc y Chardonnay, y tan sólo en el 5% restante se distribuyen dulces y rosados, situación bastante contraria a lo que ocurre en el Viejo Mundo donde este último estilo atrae una importante demanda sobre todo en los nuevos consumidores.

La razón de lo anterior es bastante simple: por regla general en Chile no se producen buenos rosados, ya sea por nuestro clima cálido, porque las mejores uvas se destinan a la producción de tintos o por una vinificación menos cuidada, estos vinos suelen mostrar cierto dulzor excesivo o al contrario un amargor cítrico en su final que arruina su paso en boca. Cabe señalar que han habido sustantivas mejoras en la última década, aún así las etiquetas de Rosé que pueden mirar a los ojos a los a sus pares europeos no supera la decena entre los que debemos mencionar Le Rosé de Lapostolle, Marqués de Casa Concha Cinsault Rosé de Concha y Toro, Mourvedre Rosé de Erasmo, Old Vine Pale Carginan-Mataró de Garage Wines y a contar de 2018 el vino que nos convoca Le Piu Belle Rosé de VIK Winery.

Este rosado respeta la esencia de los grandes rosé de la Provenza al contener uvas especialmente orientadas a su producción y no el descarte o sobrante de aquellas destinadas a vinos tintos. Su coupage a 2019 considera un 73% Cabernet Sauvignon, 19% Cabernet Franc y 8% Syrah donde tan sólo un 7% de la mezcla es criado durante un mes en barricas de roble usado.

El resultado es un vino de tono rosado medio y brillo cobrizo que en su nariz expresa rosas y azahar, frambuesa, fresa, cereza, grafito y una muy delicada presencia de sour cream y vainilla, en tanto su boca es seca, ligera, de sabores conforme a nariz, acidez alta y final medio donde destaca su nota salina.

Vino de muy buen equilibrio donde la fruta entrega sensación de dulzor, manteniendo su perfil seco, la acidez aligero su cuerpo y no hay presencia de molestas notas amargas; persistencia media que se extiende con su dejo mineral, intensidad más que suficiente para identificar sus descriptores y una complejidad que sin ser amplia da buena muestra de su estilo y origen.

Nota: 4,0 – Dentro de los cinco mejores etiquetas nacionales en su estilo.

Su maridaje natural, como el de todo rosé, está en los platos fríos. Sopas como gazpacho, salmorejo o vichyssoise, toda clase de hummus, guisos de legumbres, charcutería y sobre todo ensaladas que combinen vegetales y proteínas. Nuestra recomendación es servirlo como compañía del Nam Tok Neua, ensalada tailandesa en base a carne asada, menta y chalotas.

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