Amelia Quebrada Seca

Años atrás viña Concha y Toro quiso bautizar como «Amalia» su línea de borgoñeses (Chardonnay y Pinot Noir) de gama alta en honor de Amalia Errázuriz de Subercasoux, suegra de Melchor Concha y Toro, quien tuviera un importante rol en la introducción de cepas francesas en el viñedo de Pirque, sin embargo el nombre ya se encontraba registrado para fines vitivinícolas por lo que su área de marketing optó por, simplemente, cambiarlo a Amelia.

Más allá de la anécdota la línea bajo el liderazgo de Emilio Recabarren y con domicilio original en Casablanca no tardó en convertirse en un referente de sus variedades. Posteriormente, luego de que Marcelo Papa tomará la dirección enológica sus cuarteles se trasladan a la mítica Quebrada Seca en Limarí.

Procede de suelos arcillosos ricos en carbonato de calcio ubicados a tan sólo 22 kilómetros del Pacífico, creciendo sus uvas bajo la influencia costera caracterizada por mañanas nubosas. De esta forma clima y suelo contribuyen para entregar vinos de un marcado perfil fresco y filoso que se busca preservar en su crianza de 12 meses en barricas mayoritariamente de segundo y tercer uso.

Vino amarillo pálido de traza dorada en cuya nariz encontramos jazmín, manzanilla, durazno blanco, mango, piña madura, pomelo, marcado pedernal y suave almendra tostada, en tanto su boca es untuosa pero fresca, rica en fruta blanca madura que le entrega cierta sensación de dulzor; acidez alta de larga persistencia, final cítrico y salina con traza de tiza en paladar.

Chardonnay que equilibra su pronunciado frescor con adecuado peso en boca; larga persistencia sobre todo de sus notas cítricas y minerales; marcada intensidad y una amplia complejidad que muestra da buena muestra de la expresión de la cepa en su terroir de origen.

Nota: 4,2 – Muy buen Chardonnay de Nuevo Mundo, de adecuado balance entre frescor y complejidad sumado a un moderado potencial de guarda.

Su maridaje natural está en platos marinos especialmente en base a crustáceos, como pastel de Centolla, o pescados azules al estilo de un tártaro de atún o caldillo de congrio; se igual forma guisos ligeros de ave, pastas con salsa pesto o carbonara y tacos con guacamole por mencionar algunos. Nuestra recomendación es servirlo como compañeros de un tradicional Gravlax nórdico.

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