Restaurant Japón

El auge del delivery, propio de la modernidad y exacerbado por la pandemia, nos dejó en claro que en Santiago de Chile es más sencillo solicitar una completa bandeja de Sushi que un par de empanadas de pino. Además el pollo Teriyaki es un omnipresente en los fast food, el Ramen gana terreno a pasos agigantados y en todos los restaurantes de vanguardia destaca su oferta de Gyosas y Tempuras.

Sin embargo nuestra oferta de cocina nipona consiste en la versión chilena, en base a nuestros gustos y disponibilidad de materias primas, de la adaptación a su vez hecha en California durante la década del ’90 cuando uromakis y nigiris se convirtieron en el plato de moda en toda la costa oeste norteamericana, por lo mismo si queremos acercarnos al sabor de algún Izakaya de Tokio o de la fascinante cocina callejera de Osaka debemos recurrir a una propuesta nacida antes del fast food.

El Restaurant Japón abre sus puertas en 1978 de la mano de Masatomo Saotome siendo el primero en traer la elegancia y delicadeza de la gastronomía nipona a nuestro país. Ubicado al interior de una antigua casa en la calle Barón Pierre de Coubertin nos brinda la oportunidad de sentarnos en su amplio sushi bar, viendo en directo el actuar de los itamae (maestros cocineros) Takeo Naito y Kazuhico Fuse, o disfrutar junto a familia y amigos en alguno de sus hermosos tatamis bellamente decorados y en los que se exige entrar descalzos.

El servicio de la gastronomía nipona, al igual que otras cocinas orientales, no se mueve de acuerdo al orden europeo de entrada, fondo y postre, sino más bien consiste en un conjunto de pequeñas porciones de distintas recetas abarcando diversas texturas y técnicas de preparación siendo tradicional que entre estas se encuentre alguna sopa, pescado crudo, platos hervidos, asados, fritos y al vapor, además de encurtidos y vegetales frescos, todo ello con un marcado acento marino.

Una visita en familia a los tatami de Restaurant Japón es una magnífica ocasión para seguir estos preceptos compartiendo porciones de Takoyaki ($ 6.900.-), bolitas rellenas de pulpo cubiertas de virutas de katsubushi,; Wakame ($ 6.900.-), deliciosa y fresca ensalada de algas aliñada en cítricos; Kushi-Yaki ($ 11.900.-), clásicas brochetas de vacuno, cerdo y ave acompañadas de salsa teriyaki; complementados con Sopa de Miso ($ 2.700 c/u), algún mix de vegetales en Tempura ($ 7.600), una porción de Sashimi ($ 12.900.-), nueve cortes de salmón, atún, albacora o erizos según disponibilidad; y por supuesto algún Uramaki ($ 6.200.-), ocho rolls rellenos de palta, nori y agregado a elección que recomendamos pedir cubiertos en Masago.

Si se trata de una visita en solitario el sushi bar es el lugar perfecto para empaparse de la atmósfera del local degustando su Sushi Sashimi para uno ($ 13.900.-), 6 cortes de sashimi, 4 nigiris y 8 piezas de uromaki masago.

A la hora del postre imposible no dejarse tentar por los Daifuku ($ 4.900.-), pasteles de arroz con relleno dulce, o un clásico Dorayaki ($ 4.500.-), exquisito bizcocho de porotos rojos acompañado de una bolita de helado de te verde. Cabe recordar que estos eran los dulces que volvían loco a Doraemon (el Gato Cósmico) y por lo mismo su cara viene pintada en el pastel.

La carta de vino ofrece una amplia oferta de mostos nacionales en todas sus cepas más habituales, sin embargo dado el tenor de los platos a maridar lo mejor es detenerse en los blancos y espumosos. En botella Cordillera Sauvignon Blanc ($ 19.800.-) o Leyda Single Vineyard Garuma por copa ($ 4.300.-) son dos excelentes opciones aunque si se desea adentrar aún más en la experiencia nipona quizás lo mejor sea solicitar un vaso de Sake ($ 4.600.- c/u) que puede ser de los estilos Kikusakari, sutil en nariz, seco en boca e ideal para los iniciados, Ozeki, perfecto para los diestros en cata pues entrega un amplio abanico de aromas, o Nigori, lechoso sake sin filtrar a la medida de quienes busquen intensidad.

Aunque su cercanía con Plaza Italia, o Plaza Dignidad según prefieran, obligó su cierre temporal tras el estallido social, motivando de paso la apertura de un segundo local en Nueva Costanera bajo la dirección de Yukiyo Saotome, su edificio se mantuvo felizmente a salvo y tras el fin de las restricciones propias de la pandemia atiende de lunes a sábado en horario de almuerzo y cena.

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