Amayna Chardonnay – Chablis austral

A pesar de su masiva presencia en supermercados, la consolidación del Chardonnay en los terroirs nacionales no ha sido fácil. Casablanca primero, Limarí después y Malleco en los últimos años han intentado apropiarse del título del Chablis austral, pero lo cierto es que más allá de algunos ejemplares destacados, como Quebrada Seca, Grand Vin o SoldeSol, la suerte ha sido dispar.

Otra dificultad ha sido encontrar el balance en lo referido a su crianza en barrica. Algunos han optado por el estilo unoaked (sin madera), sacrificando de paso toda opción de crianza prolongada, mientras otros han buscado acercarse a la maderosa usanza californiana.

Estas variopintas vinificaciones redundan en que nuestro Chardonnay aún no cuente con con una personalidad definida que sea fácilmente reconocible como ocurre con los Cabernet Sauvignon del Maipo, el Carmenere de Cachapoal o el Sauvignon Blanc de Casablanca.

El éxito de la cepa en Chile se ha nutrido de puntuales, pero destacados casos de éxito, incluso en terruños habitualmente no asociados a la variedad como son los casos de Los Patricios de Pandolfi Price nacido inusualmente en Itata o el Gran Reserva de Calyptra con origen en el reino tinto de Cachapoal.

Dentro de este listado no podemos dejar de mencionar al fresco y ligero Amayna de Viña Garcés Silva, oriundo de Leyda, un terroir que podría resultar más cercano a la región de Champagne con Chardonnays y Pinot Noirs ideales para la producción de espumantes pero que no necesariamente destacan dentro de los vinos tranquilos.

Amayna no es un vino pensado pera ser un tesoro de cava, de hecho sus mismos productores recomiendan beberlo antes de cuatro años, pero si entrega un frescor, ligereza y mineralidad que bien recuerda a los famosos Chablis del norte de la Borgogne.

Su particular frescor y elegancia, además del aporte de sus suelos calcáreos, se basa en su cuidada vinificación que considera dos meses de descanso en sus lías tras su fermentación y 16 meses de crianza: un 50% en estanques de acero inoxidable, un 40% en toneles de 500 lts. y otro 10% en fudres de roble francés.

El resultado es un vino de un hermoso tono amarillo pajizo, traslúcido y de traza dorara, que en su nariz expresa fruta blanca, piña madura, manzana madura, suave nota de vainilla, mantequilla y almendras tostadas.

En boca es fresco, seco y ligero pero manifestando una elegante untuosidad en su cuerpo, acidez medio alta seguida de un final cítrico, salino y mineral con muy suaves notas de tostados en su retrogusto.

Tratándose de su maridaje obviamente se mueve con soltura en toda clase de platos marinos fríos destacando junto a un tártar de salmón o cualquier clase de tiradito, pero también resulta óptimo para equilibrar con su frescor platos más cálidos como el clásico Caldillo de Congrio.

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