Espíritu de Apalta 2016 de Neyén

Al igual que los políticos que deben declarar eventuales conflictos de interés antes de pronunciarse sobre un tema, debo señalar que este vino, y en particular esta añada, acarician profundamente mi emotividad pués fue en una visita a Neyén, que incluyó una cata vertical de varias añadas y un picnic entre sus centenarios viñedos, la que no sólo despertó mi pasión por el vino sino también constribuyó a que me enamorara de quien en ese momento y hasta hoy es mi pareja.

Volviendo al vino que nos convoca su nombre hace honor a Apalta, uno de los principales valles al interior de Colchagua, y que junto al Maipo Andes y Sagrada Familia, en Curicó, forma la triada de grandes terroirs para la producción en Chile de tintos bordaleses.

Aunque las uvas colonizaron Apalta hace más de ciento cincuenta años, durante más de un siglo su cultivo se mantuvo en manos de viñateros independientes que proveían sus cosechas a distintos productores. Recién entre fines del siglo pasado y comienzos del presente las grandes bodegas hicieron su arribo al valle encabezados por Ventisquero, Montes y Lapostolle, y particularmente la presencia de este último con el lanzamiento de su Clos de Apalta que, tras ser reconocido en 2008 por Wine Spectator como el segundo mejor vino del mundo, puso en valor el terroir que lo cobija.

El nombre de Apalta termina de consolidarse en 2018 luego que una resolución del Ministerio de Agricultura lo reconociera como Denominació de Origen, logrando asi diferenciarse desde su etiqueta de los demás vinos de Colchagua.

El valle transcurre al interior de una suerte de anfiteatro formado por las estribaciones de la Cordillera de la Costa en la ribera norte del río Tinguirica. Estas colinas protegen al terroir de los fríos vientos cordilleranos, que recirculan por la comarca en forma de una sauve brisa que actúa como regulador térmico. La altura de los cerros no supera los 500 msnm y se elevan no más de trescientos metros y en forma muy gradual sobre el valle, lo que permite que este cuente con más de doce horas de luz solar en el cenit del verano.

Finalmente sus suelos coluviales formados por material pedregoso y arcilla arrastados por el río y los esteros que descienden de este anfiteatro natural permiten el correcto asentamiento de las raíces, brindan un adecuado drenaje y garantizan una producción estresada de uvas, lo que en su conjunto redunda en una mayor concetración frutal y una adecuada madurez sin sacrificar en extremo acidez en el proceso.

Neyén es la nave insignia de la española Veramonte, perteneciente al grupo Gonzalez Byass, y Espíritu de Apalta su vino ícono.

Para desarrollarlo adquirieron un pequeño viñedo familiar en lo más profundo del valle dedicado al cultivo de Cabernet Sauvignon a contar de 1889 y Carmenere desde 1936. Esta uvas, a pesar de ser consideradas dentro de las mejores de la región, siempre fueron comercializadas a terceros y dieron vida a un vino propio recién al establecerse Neyén a comienzos del presente siglo.

Espíritu de Apalta es un perfecto ensamblaje bordalés en base a un coupage de Cabernet Sauvignon y Carmenere cuya composición en rigor es revisada cosecha a cosecha, aunque en siete de las últimas diez añadas se ha basado en un 50% para cada cepa, tal como también ocurre en su versión 2016.

Tras su fermentación los mostos son criados por separados en barricas de roble francés durante catorce meses; para luego, tras realizarse la mezcla, reposar otros seis meses en fudres de tres mil litros.

El resultado es este magnífico vino de intenso tono rubí y lágrima lenta que en su descorche exige una oxigenación de al menos un par de horas que permita apreciar sus aromas de fresas maduras, guindas, ciruela y arándano, además de su suave especiado y las notas aportadas por su crianza en forma de cuero, chocolate y tierra húmeda.

En añadas anteriores se ha criticado el excesos de brett (levadura) presente en boca, sin embargo en su versión 2016 Espíritu de Apalta se muestra algo menos robusto pero sin por ello perder impronta.

De cuerpo fluido, buena presencia de moras y guindas, acidez medio alta, taninos aterciopelados de muy suave especiado, y final con equilibradas notas de café expreso que aportan un intenso y largo final.

Cabernet Sauvignon y Carmenere, ya sea por separado o unidos en un coupage, invitan la compañía de gruesos trozos de carnes asadas y sin duda Espíritu de Apalta cumple a la perfección para tales requerimientos. Sin embargo la adecuada percepción de sus delicadas notas en nariz, la amabilidad frutal con la que se abre paso en boca y la elegante intensidad de su final, a mi parecer precisan de cierta cuota de hedonista egoismo que lleve a no compartir presencia con ningún alimento mas allá de algún bocadillo frugral.

En mi caso el mejor maridaje fue la lectura de las “50 Leyes del Poder en el Padrino”, de Alberto Mayol, al calor del fuego de una chimenea una fría noche de invierno junto a la costa.

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