Itatino Cinsualt, Itata – Dagaz

El 24 de Enero de 1939 un fuerte sismo, comúnmente conocido como el Terremoto de Chillán, destruyó buena parte de la infraestructura productiva del centro sur de Chile, incluidos embalses y canales de regadío.

Con el fin de recuperar la actividad agrícola el gobierno de turno impulsó la plantación de uvas de alta productividad con la capacidad de crecer en secano (sin necesidad de riego) importándose para ello una gran cantidad de vides de las variedades Carignan y Cinsault.

A la vuelta de pocos años la Cinsualt comenzó a ser apodada por los campesinos como “la cargadora” por la gran cantidad de cajones obtenidos de su vendimia. El vino resultante comenzó a ser vendido a granel, usualmente en garrafas, convirtiéndose en una suerte de bebida oficial en cantinas y mercados de los pequeños pueblos de la zona central.

A inicios del presente siglo el mundo enológico puso sus ojos en este tinto ligero y algo áspero que si bien carecía de la elegancia de los clásicos bordaleses rebosaba una identidad única y distintiva que ha llevado a que en la actualidad la cepa se haya convertido en la niña linda con la que todos quieren bailar.

Itatino Cinsault de Dagaz proviene del sector de Guarilihue, en la comuna de Coelemu, terroir reconocido como la indiscutida capital de la cepa, de un viñedo de más de cuarenta años plantado sobre suelos de granito a 20 kilómetros del Océano Pacífico.

En su vinificación paso por una maceración de diez días para luego ser fermentado y criado por ocho meses en huevos de concreto de 2.000 litros, a fin de mantener el frescor, nervio y tipicidad del vino.

Rubi medio de capa baja, en su nariz expresa fresas maduras, zarzaparrilla, rosas rojas, pimienta blanca y notas que recuerdan el aroma de la tierra húmeda.

En boca es ligero y marcadamente frutal, acidez alta, delgados taninos de baja astringencia de áspera textura que son el sello de su tipicidad. Final que mezcla jugo de granada y suave licor e guinda.

Su maridaje privilegia bocadillos intensos y ligeros como embutidos ahumados y empanadas fritas, donde el Cinsault a la vez de equilibrar el peso en boca ayuda a refrescar la calidez de las preparaciones, lo que lo convierte en un vino ideal para acompañar choripanes, sopaipillas con pebre o algún otro tentempié habitualmente usado para inaugurar las parrillas de asado.

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