Outer Limits Cinsault de Montes – Guarilihue en pleno

el

El Cinsault sin duda es la nueva “reina de la pista de baile” en la vitinicultura nacional. Primero fue el empuje de jóvenes viñateros independientes dando valor agregado a una cepa de profunda raíz campesina al que luego se sumaron las bodegas tradicionales, lo que ha llevado a que este mosto ligero, frutal, usualmente vinificado sin madera o con muy poca presencia de esta, poco a poco se esté convirtiendo en una de las nuevas cartas de presentación del vino chileno, en particular entre quienes valoran la expresión de terroir.

La variedad tiene su origen en la región francesa de Languedoc-Rosillón, donde usualmente es usada para adelgazar y aligerar las mezclas hechas en base a Grenache y Carignan. Su presencia también cruza el Mediterráneo, siendo una de las uvas más plantadas en Argelia, Tunez y Marruecos por sus condiciones de cultivo en secano que la hace particularmente resistente a las sequías.

Luego de el terremoto que en 1939 devasta la zona central del país el ministerio de agricultura de la época traza un plan de recuperación agrícola que se basa en la introducción de cultivos de rápida adaptación, alta producción y bajo consumo hídrico, dado que buena parte de los embalses y sistemas de regadío se encontraban en reconstrucción. Es así como en materia vitivinícola la Carignan se instala en la franja sur del Maule y la Cinsault principalmente en el valle de Itata.

Prontamente el campesinado de la región rebautizó a la variedad de Languedoc como “la cargadora”, debido al alto volumen de producción que se reflejaba en la gran cantidad de cajas que debían ser cargadas tras la vendimia. De esta forma el Cinsault junto a la País, presente en la región desde la colonia, pasaron a ser la base de la producción de un vino de mesa fresco y ligero, usualmente vinificado en forma artesanal en estanques de concreto y luego embotellado en garrafas que por décadas tuvo su principal consumo tanto en las zonas rurales como en mercados y tabernas populares.

La enología tradicional mantuvo al Cinsault como una cepa de segundo orden utilizado tan solo a muy pequeña escala para aligerar aquellas mezclas de variedades tradicionales que resultaban demasiado “gruesas”.

A comienzos del siglo actual la búsqueda de identidad y expresión de origen hizo que los ojos de los productores se posicionaran en primara instancia en la Carignan producida en el Maule, y tras lo exitoso de esta apuesta, resultó natural avanzar tan solo algunos kilómetros más al sur para redescubrir estos vinos únicos y absolutamente distintos a lo aportado por la enología tradicional que han convertido a Coelemu, Portezuelo y sobre todo Guarilihue en la capital de vino campesino.

A quienes hemos tenido la oportunidad de conocer ese mundo campesino un Cinsault con “alma” de tal nos transporta a lugares como el Mercado de Chillán, con sus vinos frescos, ligeros y rústicos, servidos directamente desde una garrafa bajo el nombre clave de “tecito frío”, pues estos locales usualmente no cuentan con patente para la venta de alcoholes; y a quienes no han tenido esa oportunidad la cepa les resulta sorprendentemente novedosa y les permite conocer un vino que a falta de estirpe derrocha identidad.

Revies

Uno de los grandes errores de las bodegas tradicionales es hacer sus Cinsault demasiado perfectos, perdiendo ese tono rústico, incluso áspero, que podríamos definir como cuidadosamente mal hecho, que es el alma de estos mostos, y precisamente en este punto es donde Outer Limits Old Roots Cinsault destaca, pues a pesar de provenir de una de las más famosas vitivinícolas del país, como lo es Montes, mantiene a perfección su esencia rural.

Proveniente de antiguas parras en el sector de Guarilihue alto, en el corazón del valle de Itata, su crianza consta de tan solo cinco meses de guarda en barrica además de tercer uso, permitiéndole así adquirir un perfecto balance entre elegancia y alma rústica.

Rubí medio de capa baja a la vista en su nariz nos entrega fresa, frambuesa, zarzaparrilla, rosa mosqueta, tierra húmeda, canela, romero y un suave dejo a silice,

En boca es particularmente fresco y ligero, de acidez media alta, con un final que funde jugo de granada, sutiles hierbas y notas minerales.

A la hora del maridaje resulta ideal para acompañar tradicionales platos de la cocina campesina como empanadas fritas, sopaipillas untadas en pebre, arrollado huaso y chorizos ahumados, pero también es buena opción para maridar quesos al estilo de Manchego, jamón serrano y morcillas, por lo que funciona muy bien junto a un clásico tapeo de Pintxos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s