Bougogne Reserve Chardonnay de Bouchard Pere & Fils – cuestión de historia

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Más de algún vinófilo iniciado se podrá preguntar ¿Qué es lo que hace a os vinos franceses tan especiales? ¿Es su terroir, es la forma en la que se manejan sus AOPs, o es su tradición?

Lo cierto es que el terroir es clave, las normas de producción y etiquetado ayudan mucho, la tradición es innegable, pero sobre todo es una cuestión de historia y una que sólo ellos pueden contar.

La vitinicultura en Francia, en ese entonces las Galias, se inicia con su anexión al Imperio Romano, algo que en las películas se muestra como una gesta heroica manifestada en colosales batallas entre legionaros romanos y guerreros celtas al estilo de Asterix y Obelix. Pero lo cierto es que la maquinaria de guerra se hizo presente tan solo en el proceso de conquista para luego dar paso a una verdadera epopeya civilizadora que dio forma primero a una cultura celto latina, luego occitana y con la incorporación de los germanos terminara de sentar las bases de la nación francesa.

En este tránsito de la cultura tribal a la civilización, la agricultura moderna para su época, jugó un rol fundamental y dentro de esta por supuesto el cultivo de la vitis vinifera y de los procesos productivos que siguen a la vendimia tuvieron un papel destacado.

Con la caída del imperio en occidente los viñedos pasan a manos de los señores feudales y la iglesia, y durante el oscurantismo medieval la enología es quizás el único saber que muestra un gigantesco avance de las manos de las mismas abadías y monasterios que renegaban de otras ciencias.

Tras la Revolución Francesa y con el fin de financiar la naciente República, los bienes arrebatados a la nobleza y al clero, entre ellos viñedos y bodegas, son rematados para finalizar en manos de una naciente burguesía que es la base de las grandes Maisson y Chateau actuales.

Las vides se recuperaron tras ser destruidas en las Guerras Napoleónicas, volvieron a hacerlo tras ser llevadas casi a la extinción por la filoxera, y una vez más tras ser arrancadas para construir trincheras en la Primera Guerra Mundial.

Más tarde viñateros de generaciones vieron como sus cultivos eran aplastados por los panzers germanos y sus bodegas saqueadas por las tropas germanas durante la invasión nazi, para luego ser solo un daño colateral de los bombardeos aliados y finalmente volver a ser aplastados, esta vez en sentido contrario, por los tanques de Patton y entregar sus botellas nuevamente como botín de guerra a los vencedores.

Este rol protagónico en los acontecimientos más decisivos para la cultura occidental en los últimos dos mil años, este constante renacer, esta tradición que se transmite de generación en generación, es lo que entrega a los vinos franceses ese algo que llamamos “cuento” que no es más que el relato de una fascinante historia que se revive cada vez que descorchamos una de sus botellas.

Michael Bouchard funda en Beaune su propia bodega en 1731, convirtiéndola de paso en una de las más antiguas de la Borgogne. Treinta y cuatro años después Joseph Bouchard adquiere sus primeros viñedos en Les Caillerets, Volnay, transformando a la empresa familiar en una vitivinícola desde la vid a la botella.

Tras las expropiaciones al clero motivadas por la Revolución Francesa, una nueva generación de Bouchard, liderados por Antoine Philibert, aprovecha la ocasión de tomar la posesión del viñedo Grèves Vigne de l’Enfant Jesus que a la postre será reconocido como uno de los Premier Cru de La Borgogne.

En 1820 Bernard Bouchard adquiere el emblemático Chateau de Beaune, antigua fortaleza construida en el siglo XV por el rey Luis XI, donde cuatro de las cinco torres originales así como parte de sus murallas aún se mantiene en pie figurando desde 1937 en la lista de monumentos históricos de Francia.

La cava de la bodega se encuentra a 10 metros de profundidad donde no solo entrega óptimas condiciones para la crianza y envejecimiento de los vinos producidos sino también preserva una magnífica colección de más de dos mil botellas del siglo XIX entre las que destaca un Meursault Charmes de la añada 1846 que aún conserva su brillo.

Una tradición de trescientos años y nueve generaciones, parras que descienden de aquellas plantadas por los romanos y que han visto buena parte del devenir de Francia, instalaciones patrimoniales que cuentan la historia de Francia y botellas centenarios permiten que los vinos de Bouchard Perre & Fils tengan “cuento” de sobra.

Review

Aunque la bodega cuenta con veinticinco etiquetas Grand Cru y más de cincuenta Premier Cru, la calidad y la tradición de sus mostos la podemos ver ya reflejadas en sus apelaciones Villages y Regionales, como es el caso del Bourgogne Reserve Chardonnay que nos convoca.

Sus uvas provienen de diversos viñedos de la Cote d’Or y la Cote Chalonnaise cultivados sobre suelos de arcilla y caliza. En su crianza, dependiendo del perfil de la añada, entre un 10 a un 25% de la cosecha es envejecida por siete a ocho meses en barricas de roble francés mientras el restante lo hace en estanques de acero inoxidable.

Vino pajizo traslúcido levemente oleoso que en su nariz expresa durazno blanco, pera, piel de cítricos y muy suaves notas aportadas por barrica como almendra y mantequilla.

Su boca es fresca pero untuosa dotada de una acidez media alta para luego dar paso a un final cítrico y salino.

Esta Chardonnay resulta ideal para acompañar platos marinos, carnes blancas y fritos apanados rellenos como el clásico Cordon Bleu.

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