Cuvee Alexandre Pinot Noir – Recomenzar

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La colonización europea de América es vista por algunos como la gesta de incansables aventureros en busca de gloria y por otros como una invasión motivada únicamente por una depredadora ambición, y lo cierto es que ambas razones estuvieron presentes por igual en quienes lideraron los procesos de descubrimiento, conquista y colonia, sin embargo para la mayoría de los colonos, aquellos que no ostentaban cargos ni comisiones de las potencias del viejo mundo, este viaje consistió en la búsqueda del comienzo de una nueva vida luego que para la mayoría de ellos todas las puertas se encontrarán cerradas en su Europa natal.

En un post anterior comentamos respecto a la nueva presencia europea en la vitinicultura sudamericana que en alguna forma se conecta con el espíritu de los colonos de los siglos XVI y XVII. Iniciar o recomenzar hoy en día un proyecto enológico en el viejo mundo, y sobre todo en los países latinos, resulta una tarea particularmente compleja primero porque obviamente los mejores terroir ya ha sido ocupados pero sobre todo porque las normas que rigen las denominaciones de origen protegen fuertemente a los productores tradicionales contra la aparición de nuevos actores.

Sobre el punto anterior cabe aclarar que el espíritu detrás de estas normas no es monopolizar el mercado sino privilegiar que la posesión de la tierra y de los vinos, sobre todo de renombre, se mantenga en poder de quienes históricamente se han dedicado a ello, lo que en la mayoría de los casos favorece a aquellos pequeños productores ligados por generaciones a la actividad. En términos sencillos se busca controlar el que grandes capitales compren un terreno para sobreexplotarlo produciendo vinos de baja calidad o que de un día para otro lancen al mercado un Grand Cru.

En este escenario, al igual que en la colonia, muchos sueños se ven más fáciles de cumplir al otro lado del Atlántico.

Finalizada la Revolución Francesa, Jean-Baptiste Lapostolle instala una destilería en la localidad Neauphie-le-Chateau próxima a Paris que con el paso del tiempo pasa a posesión de su nieta, quien contrajo matrimonio con el licorero Alexandre Marnier. Este último gracias a las enseñanzas de su padre en lo relativo al destilado de alcoholes y las instalaciones de la familia de su esposa logra crear en 1880 un licor de coñac y esencia de naranja que bautizó como Grand Marnier y se convertiría en uno de los más famosos y reconocidos licores galos.

Los descendientes de Alexandre, y por extensión también de Jean-Baptiste, pasaron a llevar el apellido Marnier-Lapostolle y por generaciones se dedicaron a preservar y promover su preciado licor hasta que a fines del siglo pasado se iniciaron las conversaciones para vender la marca al gigantesco conglomerado milanés Cinzano.

Mucho antes de que la operación llegará a su fin la familia, liderada por Alexandra Marnier-Lapostolle, había decidido reconvertirse a la producción de vinos de alta calidad a la altura de un Grand Cru, proyecto que como ya explicamos resulta imposible de llevar a cabo, al menos en el corto plazo, en algún terroir europeo y sobre todo galo. Por lo mismo decidieron desembarcar en la zona de Apalta, valle de Colchagua, donde luego de algunos años lanzan al mercado Clos de Apalta, hoy valorado como uno de los mejores vinos nacionales y dentro de los grandes mostos a nivel mundial.

Tras desligarse por completo de sus activos en Grand Marnier esta familia gala decide dar comienzo a una nueva tradición, esta vez vitivinícola y en una tierra lejana a su Francia natal, extendiendo Clos de Apalta a Lapostolle Wines.

Review

Cuvee Alexandre, que como es obvio suponer hacer honor a uno de los fundadores de la tradición familiar, es una de las etiquetas más destacadas de Lapostolle disponible en sus variedades Sauvignon Blanc, Chardonnay, Merlot, Carmenere, Cabernet Sauvignon, Syrah y su magnífico Pinot Noir.

Este Pinot Noir proviene del viñedo Atalayas en el clima frío costero del valle de Casablanca, siendo cultivada sus uvas sobre suelos graníticos, de baja fertilidad y levemente ácidos, que entregan un carácter mineral y de alta concentración frutal a sus mostos que en su vinificación tras ser fermentados con levaduras nativas es envejecido durante 11 meses en barricas de roble francés de primer, segundo y tercer uso.

Vino de un hermoso tono rubí medio y borde ocre, en su nariz expresa guinda, ciruela, grosella y trufa, suave caramelo además de almendras y avellanas tostadas.

En boca su perfil es marcadamente frutal pero en cuerpo untuoso, levemente más grueso que lo habitual en la cepa, seguido de una acidez muy viva y un final enriquecido por las notas tostadas aportada por la barrica y el dejo mineral del terroir.

En términos de maridaje destaca con guisos ligeros, como el clásico boeuf bourguignon, o aquellos platos marinos de mayor peso en boca como sierra ahumada, congrio frito en tempura y sobre todo el exquisito pulpo anticuchero peruano.

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