Rioja Reserva de Beronia – Elegancia riojana

Los tintos de La Rioja sin duda son uno de los vinos más afamados del viejo continente y con una larguísima tradición en tierras españolas. El cultivo de la vid en la región fue iniciado por los romanos al igual como ocurrió en la mayoría de los centros de producción vitivinícola que en su momento pertenecieron al imperio; luego, durante la Edad Media, la gran mayoría de los viñedos pasaron a propiedad de monasterios y órdenes religiosas que perfeccionaron las técnicas de vinificación. El territorio riojano transcurre entre el norte del antiguo reino de Navarra y el sur del País Vasco, por lo que es paso obligado de la ruta francesa del Camino de Santiago, de esta forma fueron los peregrinos, quienes solían hospedarse en los referidos monasterios, quienes distribuyeron por Europa a fama de los vinos producidos en la región.

En 1560 las principales bodegas acordaron unificar su etiquetado a fin de salvaguardar un estándar mínimo de producción dando así forma en la práctica a una suerte de primera Denominación de Origen española, aunque el consejo regulador se crea recién 1925 y la DOC y reglamento actual data de 1991 con posteriores revisiones en 2007.

De regreso a la Edad Moderna aunque la calidad de sus vinos resultaba ampliamente conocida en el continente la lejanía de la región con los puertos de embarque hacia imposible que estos pudieran competir en precio con sus pares al este de Los Pirineos y particularmente con los vinos producidos en Burdeos y el Valle del Loira.

A inicios del siglo XIX algunas bodegas incorporaron tímidamente a sus procesos la crianza en barricas de roble francés logrando un vino de un perfil más similar a los mostos galos. En la segunda mitad del mismo siglo se desencadena la epidemia de filoxera en Europa, la que si bien también afectó a España en la región de La Rioja fue menos dañina que en otras zonas como el caso particular de Burdeos donde la mayoría de los viñedos se vio seriamente afectados al punto de que algunas variedades fueron llevadas a la extinción.

Ante la escasez de vinos bordoleses sus consumidores encontraron un sustituto natural en los tintos riojanos criados en barrica, esto llevó a que la totalidad de las bodegas incorporarán el roble francés a sus procesos adquiriendo los vinos de la Rioja su perfil y estilo actual.

La DOCa Rioja permite en sus tintos el uso de cuatro variedades consideradas autóctonas: Tempranillo, Garnacha tinta, Mazuelo (nombre dado en la zona al Carignan) y Graciano sin establecerse un porcentaje específico en su ensamblaje por lo que también se permite la elaboración de vinos monovarietales. En términos prácticos el Tempranillo es por lejos la variedad más presente pues sus vides concentran casi el 90% de la superficie cultivada en la región.

El Consejo Regulador de La Rioja pone especial énfasis en el proceso de envejecimiento y guarda de sus vinos mediante una norma que en algunos casos difiere de la utilizada en el resto de España, estableciendo tres clasificaciones:

Crianza, para el cual deben transcurrir al menos dos años corridos desde su cosecha para ser liberado al mercado. Dentro de este tiempo la permanencia en barrica debe ser de al menos un año.

Reserva, también con permanencia en barrica de al menos un año pero con un periodo de guarda total no inferior a treinta y seis meses.

Gran Reserva, con un tiempo de envejecimiento en barrica no inferior a veinticuatro meses complementado con otros treinta y seis meses de guarda en botella como mínimo.

Review

Bodega Beronia es fundada en 1973 especializándose en vinos de la DOCa Rioja de larga guarda. Su nombre deriva de los Berones, antigua tribu celto cantábrica que dominó la región hasta el siglo III.

Su Rioja Reserva es un ensamblaje 95% Tempranillo, 4% Graciano y 1% Mazuelo, en su crianza permanece 20 meses en barricas mixtas de roble francés y americano y completa su guarda durante otros 16 meses antes de salir al mercado.

Este Tempranillo se nos muestra de un tono púrpura, borde granate y ribete claro, junto a una nariz que expresa frutas negras, sobre todo mora, violeta, ciruela deshidratada, dátiles, dulce de regaliz, canela y un inusual dejo a compota de bananas.

En boca se muestra intenso y terroso, filoso en su acidez, tanino firme de suave dulzor, final largo con dátiles y cierta nota de té negro que potencia su astringencia.

A la hora del maridaje resulta ideal para acompañar carnes asadas, charcutería ahumada, quesos maduros y en particular las chuletillas de cordero tan propias de la tradición riojana.

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