Pequeñas Producciones Chardonnay – Elegancia y frescor

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Para la gran mayoría de los amantes del vino el Chardonnay es la más elegante y compleja cepa dentro de los vinos blancos. También es la variedad más plantada en el mundo aunque de un tiempo a esta parte disputa con el Pinot Grigio el título del blanco más vendido y en los últimos años el Sauvignon Blanc lleva cierta delantera dentro de los mostos de alta gama.

A pesar de que la masiva presencia de Chardonnay en el mercado nacional diera la impresión de que se trata de una uva tan arraigada en nuestro país como el Cabernet Sauvignon o Carmenere, lo cierto es que su desembarco data tan sólo de 1982, luego que Pablo Morandé iniciará la expansión de los viñedos en los valles de clima frío.

Tras demostrar una exitosa aclimatación en Casablanca y demás suelos del litoral central, la cepa se extendió tanto hacia el norte, a la zona costera de Limarí , como hacia el sur, encontrando hoy en el valle de Malleco, en plena Araucanía, uno de los mejores terroir para su desarrollo.

Casi todos los vinos, tinto y blancos, se dividen en dos estiles: aquellos jóvenes, frescos y frutales orientados a consumo inmediato, y otros con guarda en roble de aromas y sabores más complejos destinados a guarda; sin embargo en el Chardonnay es donde ambas versiones difieren más radicalmente entre si.

Una de las máximas expresiones del varietal son los vinos Chablis de la Borgoña, muy ligeros, frescos y minerales, pero durante la década del ’90 predominó el estilo de los Chardonnay californianos, que quizás por marcar una diferencia con sus pares franceses expresaban una abundante cuota de madera que los hacía literalmente nadar en vainilla además de una extremadamente larga crianza en sus lías (pozos de levadura) que redundaba en aromas y sabores demasiado oxidativos. Afortunadamente en la actualidad esta vinificación está en retirada, aunque en materia de vinos los estilos suelen ser cíclicos, y la mayoría de los productores busca un equilibrio donde alcanzar complejidad, elegancia y cuerpo untuoso no implique sacrificar frescor y presencia frutal.

El gran desafío actual del Chardonnay en el valle de Casablanca radica en abrirse un espacio y consolidar su lugar al lado del excelente e internacionalmente reconocido Sauvignon Blanc del mismo valle que se caracteriza por sus notas frescas, salinas y minerales, por lo que tiene poco sentido buscar este mismo perfil en la cepa borgoñesa.

Por contraparte y como ya mencionamos aquellos blancos gruesos y maderosos también se encuentran en retirada, por lo que el verdadero desafío está en producir más untuosos, complejos y elegantes que el Sauvignon Blanc, a fin de marcar diferencia, pero a la vez de marcado frescor y mineralidad, que los haga sencillos de beber y expresen la riqueza de este terroir caracterizado por su clima frío y suelos calcáreos, y en esta tarea vinos como Grand Vin de Villard, Amayna de Garcés Silva y Pequeñas Producciones de Casas del Bosque, entre otros, han encontrado ese perfecto punto de equilibrio.

Review

Pequeñas Producciones Chardonnay de Casas del Bosque se produce en base a uvas procedentes de la zona más fría y occidental, por ello cercana al mar, del valle de Casablanca, plantadas sobre laderas arenosas de base calcárea.

En su vinificación fueron fermentadas y criadas por seis meses en barricas usadas de roble. Transcurrido este tiempo el mosto se traslada en su mayoría a un fudre de roble alemán y el resto a unas pocas barricas donde envejece por otros seis meses antes de su embotellado.

Las barricas usadas y el fudre permiten aportar complejidad y sutiles notas lácticas y tostadas manteniendo sin alterar su perfil frutal y mineral.

A la vista se muestra amarillo pajizo y traslúcido de traza dorada, mientras en su nariz expresa su riqueza frutal en forma de durazno blanco, mango, membrillo en su almíbar y miel; la fermentación aporta mantequilla derretida y cáscara de queso parmesano maduro; y el paso por barrica un suave dejo de vainilla y almendras tostadas.

En boca presenta un suave dulzor y cuerpo untuoso equilibrados en una marcada acidez que mantiene la sensación de frescor; su largo final entrega zeste de mandarina, pomelo, y un suave picor que recuerda al queso pecorino. Su paso en paladar continúa con un largo retrogusto mineral y salino.

En cuanto a su maridaje resulta una excelente opción para platos marinos de mayor peso en boca como tartar de salmón o atún, albacora al horno, pulpo a las brasas y sobre todo chupes de jaiba, camarones o centollas.

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