MW Carmenere – Hecho a mano

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¿El vino nace en la parra o en la bodega? ¿Es fruto del actuar de la naturaleza o de la mano del hombre? ¿Su artífice es el agricultor o el enólogo?

Preguntas de filosofía enofílica tan interesantes como al final intrascendentes porque el vino, al igual que en una carrera de relevos, depende por igual de todos los actores y si cualquiera de estos no cumple su parte resulta imposible llegar a buen término.

La naturaleza proporciona el suelo y el clima, pero el terroir correcto es seleccionado por el hombre. El agricultor es quien siembra y cuida los viñedos, luego es el enólogo quien determina como el mosto será macerado, fermentado y criado, y por último resta a nosotros los consumidores entregar las adecuadas condiciones de guarda para poder degustar el vino en su mejor momento.

En la mayoría de las actividades humanas si una fórmula resulta exitosa bastará con repetir la misma para seguir obteniendo similar resultado, pero en materia de vinos esto no es así.

En términos climáticos difícilmente una temporada es exactamente igual a la anterior o la sucesiva. Inviernos más o menos fríos, primaveras húmedas o secas, mayor cantidad de días nubados o noches más cálidas en verano, lluvias tempranas en otoño, son una de las cientos de variables que determinarán el que un vino sea mas o menos frutal, ácido o sobremaduro, y es la pericia del enólogo la que mediante la determinación de las fechas de vendimia, mezcla de cepas junto a tipos y tiempos de crianza permite que el vino, adaptándose a estas incontrolables circunstancias entregue una calidad constante y consistente añada tras añada.

Más de una bodega ha cometido el error de pensar que los vinos pueden producirse en una suerte de tabla de excel: vendimia en tal fecha, cierto porcentaje de una cepa por otro porciento de otra, tanto meses de crianza en la misma barrica y la fórmula en ocasiones funciona por algún tiempo hasta que la naturaleza hace notar que es necesario bailar a su ritmo. Sin embargo los grandes vinos, no aquellos que en ocasiones por azar nos entregan una añada sorprendente sino que esos que cosecha tras cosecha nos sorprenden con la misma calidad son pulidos a mano tal cual lo hace un artesano con su obra.

Un muy buen ejemplo es lo que ocurre con Maturana Wines, cuyo Carmenere es considerado uno de los mejores de Chile. Este vino año tras año cambia la composición de su coupage por lo que en algunas añadas puede ser etiquetado como varietal, ya que más del 85% de la mezcla corresponde a la cepa, y en otras debe considerarse un ensamblaje, debido a que el aporte de Cabernet Sauvignon se eleva sobre el 15%. ¿De que dependerá? justamente del deseo de la naturaleza y así en temporadas muy cálidos el Carmenere se mostraré sobre maduro y de baja acidez, en años de lluvias tempranas se deberá adelantar la cosecha y la uva no alcanzará a disminuir su concentración de pirazina dotando al vino de un molesto aroma y sabor a pimientos verdes, y en otros tendrá el tiempo de madurar lentamente, asegurando su concentración frutal sin perder acidez, y es aquí donde el porcentaje de aporte del Cabernet Sauvignon actuará como regulador levantando acidez, adelgazando cuerpo o incrementando madurez según sea necesario.

Pero el forjado de este vino no termina en el ensamblaje sino que continúa en la crianza, Así algún porcentaje envejecerá en huevo de concreto, manteniendo intactos sus aromas frutales, otro tanto en fudres de roble o barrica ya muy usadas que aportará sutiles aromas terciarios sin engrosar su cuerpo, y el restante en barricas nuevas que fortalecerá sus taninos e incorporará los clásicos tonos tostados de los vinos gran reserva. Qué porcentaje corresponde a cada cual dependerá del mosto resultante en cada añada.

De esta forma naturaleza, agricultor y enólogo actúan en conjunto para entregarnos un magnífico vino consistente año tras año.

Review

Maturana Winery nace en el año 2010 dela mano del enólogo José Ignacio Maturana quien decidió establecer un proyecto en base a innovación, calidad, respeto del terroir, rescate de cepas tradicionales y comercio justo hacia los productores de uva.

MW Carmenere, su vino insignia, varía en su composición y vinificación año a año pero siempre proviene de los suelos aluviales de Marchigüe en las laderas de la Cordillera de la Costa en el flanco occidental del valle de Colchagua.

En su añada 2016 es un ensamblaje 85% Carmenere y 15% Cabernet Sauvignon, en cuya crianza un 20% envejece en barricas de roble francés de primer uso, otro 20% en huevos de concreto y el 60% restante en barricas de cuarto uso, todo esto durante 14 meses para luego ser mezclado y criado en botella por otros 14 meses.

Púrpura de borde rubi y lágrima gruesa a la vista. En su nariz nos entrega toda suerte de fruta negra como grosellas, mora en compota, arándano, maqui y calafate, a los que se suman sutiles notas de tabaco rubio, especias, café tostado y suave pimiento rojo asado.

En boca se muestra intenso y robusto, de perfil terroso pero con buena presencia frutal, marcada acidez, aterciopelados taninos dulces y especiados; finalizando con notas de café tostado y un suave dejo pirazínico que aporta frescor.

En términos de maridaje va perfecto con aquellos platos ricos en especias, condimentos, hierbas y picante, como también pastas y masas, entre ellas quiche, pizza o canelones, acompañadas de quesos maduros y sobre todo carnes asadas en parrilla u horno con sabores especiados y agridulces como un tradicional Costillar a la Chilena.

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