Quijada Semillón – El valor de la identidad

Los actuales Wine Lovers nacionales suelen sorprenderse al saber que en alguna época Moscatel y Semillón fueron las cepas blancas más consumidas en Chile, hoy difíciles de encontrar en los anaqueles dominados por Sauvignon Blanc y Chardonnay.

La Moscatel arribó hace casi quinientos años de la mano de los conquistadores hispanos junto a la variedad tinta Listán Negro que con los siglos pasará a ser conocida como uva País. En tanto el Semillón llega a mediados del siglo XIX junto a las demás variedades francesas que hoy son la base de la enología nacional.

Nuestra viticultura se desarrolló al pie de Los Andes, valles cálidos y luminosos con días veraniegos de calor sofocante seguidos de noches frías que favorecen tan bien a los tintos bordoleses, pero similar suerte no corrieron las cepas blancas entregando vinos algo gruesos y de relativa baja acidez, completamente distintos al vibrante y mineral Sauvignon Blanc y Chardonnay europeo.

En este contexto fue el Semillón la cepa que mejor se acomodó a la calidez andina, convirtiéndose de esta forma en el mejor logrado de los blancos nacionales y por lo mismo el vino más buscado alcanzando su mayor punto medio siglo atrás cuando llegó a ser por lejos la uva blanca más cultivada del país.

El reinado del Semillón duró hasta fines de los años `80. En la década siguiente se descubrirían las cualidades de los valles fríos, comenzando por Casablanca, que posibilitaría la producción de blancos elegantes, ligeros, minerales y de acidez punzante, convirtiéndose así el Sauvignon Blanc en la nueva estrella nacional.

Hacia e comienzo del nuevo milenio con la globalización del mercado vitivinícola encontrar vinos de alta calidad resulta cada vez más sencillo y esto a mismo a provocado una revalorización de la identidad; en otras palabras vinos que sean un fiel reflejo de su origen y que expresen características únicas y distintivas. En esa perspectiva la enología nacional ha vuelto su mirada hacia las cepas que podríamos llamar de “arraigo campesino”, varietales por años olvidados por la industria pero que se preservaron gracias a los cultivos de pequeños productores.

Sin duda el caso más emblemático es el del Carignan del Maule, que se ha convertido en una de las vedette de los vinos nacionales. Pero en esta búsqueda de identidad también han adquirido creciente protagonismo el Cinsault de Itata, sobre todo de Guarilihue, y en materia de blancos el Semillón comienza a vivir un verdadero redescubrimiento merced su perfil rústico y paleta aromática que se diferencia de lo que habitualmente encontramos en los hoy sobre poblados valles de clima frío.

A mediados del siglo pasado el Semillón florecía en las serranías de Apalta, pero paulatinamente fue cediendo sus suelos a Cabernet Sauvignon, Merlot y Carmenere. Uno de los pocos viñedos que se resistió al avance de los tintos fue preservado hasta hoy por el agricultor Juan Quijada quien ha cuidado estas parras, plantadas en 1950, como si fueran parte de su familia, y gracias al trabajo conjunto con el enólogo Sebastián Labbe de Viña Carmen, desde hace ya un par de añadas el Carmen DO Quijada Semillón ha liderado la revalorización de la cepa entre los consumidores nacionales.

Review

Este Semillón, como ya señalamos, proviene del caluroso valle de Apalta al interior de Colchagua. Su fermentación, en base a levaduras nativas, y crianza se realiza en barricas de roble en las que reposa por tres meses.

A la vista se nos muestra amarillo pajizo de traza verdosa. En su nariz expresa nectarines, durazno blanco maduro, cera y zeste de naranja. El tercer uso de sus barricas suaviza considerablemente los tostados pero aún así muestra un suave dejo a vainilla y finalmente la crianza en contacto con sus lías le aporta notas lácticas que recuerdan mantequilla de campo y queso parmesano maduro.

Pero lo que más nos gusta de este vino esta en su boca. Cuerpo robusto, para lo habitual de los blancos, suave dulzor de durazno, acidez media y sobre todo un final perfectamente rústico o delicadamente tosco que es la expresión de su identidad campesina y además aporta la astringencia necesaria para un mosto pensado en maridar platos “gruesos”.

Definitivamente no es un vino para beber junto a la piscina en un día caluroso, acompañar un ceviche o maridar ostras, pero resulta perfecto para acompañar platos, de similar origen campesino, que demandan mostos con “presencia” como puede ser un conejo estofado o una cazuela de auténtica gallina de campo donde el cuerpo de este Semillón equilibrará el peso en boca del caldo y su astringencia contrarrestará el contenido graso cerrando a la perfección el paso en paladar.

Salud y buenos descorches

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