Toro de Piedro Merlot Curicó – Gigante dormido

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El Valle de Curicó, que abarca las cuencas de los ríos Teno y Lontué, por consiguiente todo el flanco norte de la región del Maule, es una de las zonas con mayor superficie destinada al cultivo vitivinícola, además alberga los cuarteles generales del tercer productor de vinos en el país, Viña San Pedro, una docena de bodegas importantes, entre ellas Miguel Torres perteneciente al gigante español Familia Torres, y varios centenares de viñedos independientes, sin embargo basta dar una rápida mirada a cualquier estantería de supermercado o tienda especializada para darnos cuenta que su presencia como DO Curicó es bastante escaza, en especial si la comparamos con Maipo, Maule o Colchagua.

Lo anterior se debe a que una gran parte de la producción se destina a ensamblajes masivos etiquetados como Valle Central, donde el mosto extraído de estas tierras aporta una importante cuota de intensidad y concentración de sabores.

Esta marcada intensidad en ocasiones resulta difícil de maneja, redundando en vinos que rozan lo agresivo, y por lo mismo se opta por mezclarla con caldos provenientes de otros valles que ayuden a equilibrar el resultado final, sin embargo cuando es bien manejada entrega vinos elegantes, complejos y rebosantes de personalidad, sobre todo cuando se trata de cepas bordolesas.

La mayor pluviometría del valle dificulta la adecuada madurez de Carmenere y Cabernet Franc, pero sus cálidos valles interiores, sobre todo en la cuenca del Lontué y en especial en el magnífico terroir de Sagrada Familia, resulta perfecta para Cabernet Sauvignon, Petit Verdot, Malbec y Merlot.

Los Cabernet Sauvignon curicanos derrochan elegancia y presencia frutal en un perfil terroso ideal para quienes gustan de tintos a la antigua; a mi juicio están entre los mejores del conosur y tan solo un poco por debajo de la calidad de los obtenidos en el Maipo Andes. Similar situación ocurre con los Petit Verdot, un vino que se espera derroche intensidad y que acá lo cumple a cabalidad, siendo aquellos con la DO Lontué algunos de los mejores del país.

Sin embargo el gran gigante dormido de Curicó sin duda es su Merlot. Una cepa que tras el redescubrimiento del Carmenere, y los efectos de marketing de la película Sideways, fue un tanto abandonada e incluso injustamente maltratada en la mayoría de los valles, pero tras su exilio de los mejores terroir del Maipo y Rapel, ha encontrado en tierras curicanas un perfecto equilibrio entre su estructura sedosa y una intensidad en nariz y paladar difícil de encontrar en otros suelos nacionales.

Dos claros ejemplos de este despertar del Merlot curicano son Trisquel Series Altitud de Viña Aresti y Gran Reserva Toro de Piedra de Viña Requingua, quizás los mejores exponentes de la cepa cuando en ella buscamos intensidad, elegancia, buena acidez y esa riqueza de sabores y aromas de mokka y cassis que resultan fascinantes cuando el varietal es bien trabajado.

Review

Viña Requingua no es particularmente generosa respecto a la información del proceso de vinificación, tanto en etiqueta como en su sitio web, de sus vinos, pero por sus cualidades podemos inferir que Toro de Piedra Gran Reserva Merlot proviene de sus cuarteles en las proximidades de Sagrada Familia. Los potenciados tonos de cassis hace probable que contenga algún porcentaje menor de Petit Verdot y dado su cuerpo intenso y estructurado pero a la vez de buena fluidez hacen muy probable que haya pasado por un proceso de crianza mixta parte en barricas de roble francés y otro tanto en cubas de madera.

Obviamente para aclarar dudas sería ideal que el productor entregara información detallada respecto a sus procesos.

A la vista se nos presenta rubi profundo adornado por ribete claro y lagrima gruesa, mientras en su nariz encontramos arándano, mora, frutilla, cerezas, suave vainilla, cacao, mokka y dulce cassis.

En boca es marcadamente intenso pero en un elegante perfil terroso que dando como resultado un vino que sin duda se hace notar pero que en ningún momento resulta agresivo.

Como ya dijimos su cuerpo aunque muy bien estructurado goza de buena fluidez por lo que beberlo resulta sencillo incluso fuera de cualquier maridaje.

Acidez alta, taninos con madera bien integrada y con suave dulzor de cassis, final con nota de mokka, hierbas y cerezas cierran su paso por paladar.

A lo hora del maridaje es un vino que sin duda se potencia con platos sedosos al igual que él, como por ejemplo Canelones rellenos con salsa de Champiñones, Lomo vacuno acompañado de crema pastelera de choclo o incluso platos muchos más sencillo como nuestro clásico sandwich Barros Luco.

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