Gran Terroir Angostura – Merlot ahora frutal

Hasta hace algunas décadas la propuesta de los vinos tintos eran relativamente sencilla: se usaban para acompañar carnes rojas o lisa y llanamente embriagarse; en ambos casos la cantidad de madera presente no representaba mayor problema. Sin embargo de un tiempo a esta parte una serie de factores han puesto en cuestionamiento el uso, y abuso, de roble en la vinificación.

El cambio en los supuestos paradigmas del maridaje, el uso del vino como aperitivo, la globalización de ciertas cocinas étnicas, la gourmetización del fast food, las corrientes vegetarianas y veganas, y sobre todo la sofisticación del consumo han creado una creciente demanda por tintos más ligeros, frutales y versátiles.

Los amantes del roble, sobre todo francés (Quercus Sessilis), argumentan con justa razón que son las barricas las que aportan complejidad aromática, forma a los taninos y potencial de guarda al vino; mientras sus detractores, amantes de los vinos naturales, exponen que aromas como vainilla, cacao o tabaco no están presente en las uvas por lo que su uso constituye una alteración de la verdadera naturaleza del vino.

Lo cierto es que todos los métodos de crianza, incluido acero inoxidable o vasijas de barro, inciden en la percepción organoléptica del vino, lo mismo que las levaduras añadidas en la fermentación responsable de las notas lácticas presentes en los mostos, por lo que más allá de un discusión sobre el uso o desuso de madera, lo importante está en encontrar un punto de equilibrio y en el que el vino se adapte a lo que espera y requiere el consumidor.

Muchas bodegas han optado por reducir la presencia de roble, mediante menores tiempos de crianza o el uso de barricas de segundo o tercer uso que tienen un menor aporte organoléptico, produciendo de esta forma vinos mucho más ligeros y frutales, por lo mismo más fáciles de beber fuera del maridaje con carnes rojas y versátiles en sus usos.

Casa Silva es una de estas bodegas que han dado un importante giro en los últimos años, haciendo que vinos, hasta hace un par de añadas, gruesos y maderosos, hoy se muestren particularmente ligeros y frutales como es el caso de los miembros de la etiqueta Gran Terroir de Los Andes, en particular su Merlot.

Review

Gran Terroir de Los Andes Merlot, proviene de la zona de Angostura, en las cercanía de San Fernando en el corazón del Valle de Colchagua donde Casa Silva tiene su casa matriz y principales cuarteles.

Luego de su fermentación un 70% del mosto es envejecido por 12 meses en tradicionales barricas de roble francés obteniendo mayor elegancia y complejidad, mientras el 30% restante se mantiene en estanques de acero inoxidable conservando intactas sus notas frutales y acidez.

De profundo tono rubí, su nariz muestra riqueza de frutas rojas y negras como cereza, guinda, arándano, mora y maqui, además de suaves aportes de vainilla, cacao, tabaco y elegante cassis.

En boca es un vino frutal de perfil ligero sin por ello sacrificar estructura, acidez de ataque sutil y larga persistencia, taninos sedosos con cierto dulzor de caramelo, y un final donde se mezclan suave tabaco tostado y exquisito cassis.

Excelente opción para acompañar cortes delicados de carnes rojas, como lomo o filete, quesos semimaduros, pastas bañadas en salsas de pomodoro o recetas en base harinas o cremas de maíz tales como tacos, arepas, tamales y humitas.

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