Black Label de Casillero del Diablo – aún hay Leyenda ciudadanos

Casillero del Diablo es por lejos la marca de vino chileno con mayor presencia global y ha ayudado a posicionar a su matriz Cocha y Toro como una de las diez principales bodegas a nivel mundial.

El éxito de de la marca, además de auspiciar a equipos de futból como Manchester United, se basa en una hábil campaña de marketing donde se repite hasta el cansancio cierta leyenda según la cual, a fin de evitar el robo de sus mejores vinos, el fundador de la viña hecho a correr el rumor de que en su bodega habitaba el diablo en persona.

La campaña sin duda ha sido un éxito. Casillero del Diablo está presente en góndolas de los cinco continentes y puedo contar, a modo de anécdota, que lo he encontrado incluso en pequeños comercios familiares en lo profundo del Amazonas peruano y en las islas del Titicaca en Bolivia.

Pero más allá de los millones de hectolitros vendidos, ¿este vino que difícilmente recibiría un reconocimiento en los rankings de Suckling, Parker o Atkin realmente era tal objeto de deseo que fue necesario dar vida a la leyenda que lo rodea?

Melchor Concha y Toro era un distinguido miembro de la aristocracia chilena de fines del siglo XIX. VII Marqués de Casa Concha, más en el papel que la práctica ya que los títulos habían sido abolidos junto con la independencia, y nieto del presidente de la primera junta de gobierno.

Dedicó su vida a la industria del salitre y a su rol como diputado y senador del partido Conservador. En 1875 junto a su esposa, Emiliana Subercaseaux, construyeron un palacete en la ribera sur del río Maipo al estilo de los «chateau» del valle del Loira que como tales debía estar rodeado de un viñedo, cuestión que concretó en 1883 importando vides de Cabernet Sauvignon originarias de Burdeos.

Pirque, en el corazón del Maipo Andes, es hoy reconocido como uno de los mejores terroir en el mundo para la producción de Cabernet Sauvignon, y sin duda el original Casillero del Diablo debió ser sin duda un vino excepcional.

En 1976, la viña llevaba más de una década exportando sus vinos al mercado extranjero y el éxito de Casillero hacía recomendable aumentar su producción, sin embargo el antiguo viñedo de Pirque había llegado al límite de su capacidad. Los mandamases de CyT decidieron destinar los amplios viñedos en la ribera norte del río Maipo a la producción de su vino insignia y las uvas de Pirque se reservaron para una edición especial por el aniversario de la viña: Marqués de Casa Concha

Algo más de una década mas tarde la historia se repite: la presencia de Casillero se acerca a cien países llevando al límite la producción en el Maipo y Marqués de Casa Concha por su parte goza de una importante aceptación en Chile y el extranjero. De esta forma nace un nuevo vino insignia en base a la plantación de Pirque: Terrunyo, por su parte Marqués se mueve a la ribera norte y para Casillero se adquieren grandes partidas de uva procedentes de todo el valle central y más tarde la etiqueta se extendió a todas la cepas presentes en el país.

Al probar una copa de Terrunyo Cabernet Sauvignon (el original Casillero del Diablo), sobre todo si el vino ha tenido varios años de descanso en botella, es entendible que dicho mosto haya querido ser protegido a toda costa y el origen de la leyenda se torna perfectamente factible.

Sin embargo aunque Casillero dista de ser el que fuera el vino privado de Melchor Concha y Toro, no todos los mostos que llevan dicha etiqueta han corrido igual suerte.

A comienzos del siglo actual en CyT existía la certeza de que más allá del éxito obtenido en términos de volumen era imposible continuar diluyendo la concentración de terroir sin que terminará afectando la posición de la marca, y es por esto que encargaron a un grupo de enólogos la creación de un Casillero del Diablo de calidad superior dando vida a la línea Reserva Privada o Black Label expresada en sus variedades Cabernet Sauvignon del Maipo, Sauvignon Blanc de Casablanca, Chardonnay de Limarí y el que resulta su mejor exponente: Carmenere de Rapel.

Administrativamente el valle de Rapel corresponde a la Región de O’Higgins y está compuesto por dos de las más reconocidas Denominaciones de Origen del país: Cachapoal y Colchagua, y dentro de estas algunos de los mejores terroir para lo producción de Carmenere como son los casos de Peumo, Marchigüe y Apalta.

Los valles de Colchagua suelen ser refrescados por las brisas procedentes del Océano Pacífico que ascienden por el curso del río Mataquito permitiendo que el Carmenere tenga una maduración pausada que redunda en vinos más ligeros y de mayor acidez pero también corriendo el riesgo de que no disminuya lo suficiente la concentración de pirazina, particularmente alta en la cepa, que se manifiesta en un invasivo aroma y sabor a pimiento verde.

Por su parte los cálidos y asoleados valles de Cahapoal suelen asegurar la correcta madurez de la uva produciendo mostos menos pirazínicos, pero si esta maduración es demasiado acelerada redundará en vinos de dulzor excedido y baja acidez que además de disminuir sus opciones de guarda provocarán una sensación de pesadez en paladar.

La selección de uvas de ambos valles hechas por Concha y Toro para el Casillero del Diablo Reserva Privada Carmenere permite encontrar un óptimo punto de equilibrio entre madurez y verdor, ligereza y estructura, y frescor e intensidad.

Review

Este Black Label de color rubi profundo, reflejos púrpura y ribete claro a la vista expresa una nariz rebosante en frutos negros de matorral como mora, arándano y maqui (un pequeño berry propio del sur de Los Andes de intenso sabor), además de suave vainilla aportada por sus 12 meses en barrica y los aromas más característicos de la cepa como pimiento rojo asado, gracias a su buena madurez, y abundante especiado marcado sobre todo por notas de pimienta blanca.

Buen volumen en cuerpo y fruta maduro en su justo punto son lo primero que se percibe en boca, seguido de su acidez media, taninos aterciopelados y de sabor especiado, y en su final notas de cacao bitter y una suave y verde pirazina que en su baja concentración no resulta molesta sino que aporta un refrescante final a la mezcla.

A la hora de buscar un maridaje resulta excelente opción para algunos de los platos más clásicos de la cocina chilena como empanadas, humitas y pastel de choclo, carnes de larga cocción como la plateada, pastas, masas rellenas y quesos maduros; pero también su dejo verde y textura sedosa en cuerpo y taninos le permite equilibrar preparaciones provenzales como Ratatouille o una Velouté de champiñones.

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