Bruschettas Caprese – Menos es Más

Las Bruschettas son uno de los Antipastos (aperitivos o tentempié) preferidos por los italianos y difundidos en todo el mundo por su exquisito sabor y sencilla preparación.

Ya desde la época del Imperio Romano era costumbre que los legionarios se alimentaran durante la marcha de mendrugos de pan untados en aceite de oliva y saborizados con dientes de ajo machacados. Este uso se mantiene en la campiña italiana hasta adquirir la forma de la actual bruschetta de la que tenemos los primeros registros modernos a mediados del siglo XV en la región de la Toscana.

El término bruschetta, al igual que las brochetas, derivan del verbo “bruscare” que significa asar al carbón, debido a que los campesinos toscanos solían hacer un alto en sus faenas a media mañana y media tarde para comer algo rápido y frugal, ocasión en la que calentaban al fuego panes de días anteriores que luego saborizaban con ajo, aceite de oliva y vegetales.

A comienzos del siglo XVII el tomate procedente de América arriba a Nápoles, en ese entonces feudo español. Rápidamente su cultivo y consumo se masifica por la península itálica volviéndose habitual en la campiña extraer ejemplares maduros para luego exprimirlos y triturarlos directamente sobre el pan tostado y servirlo acompañados de hierbas frescas, setas y quesos o jamones, dando así forma a la actual versión del Antipasto.

Dentro de la categoría de los emparedados la bruschetta se ubica en las antípodas de la hamburguesa americana, ya que su origen y esencia consta en el uso de pocos y sencillos ingredientes, mantener los sabores de estos claramente definidos y entregar un plato liviano que permita retomar sin contratiempos una jornada laboral o dejar espacio para sr seguido por alguna sopa o pasta.

Al igual que la pizza, nuestro antipasto tienen tantas variantes como ingredientes o salsas existan, siendo los versiones más comunes genovese (al pesto), marinara (solo tomate), frutto di mare, bolognese, prosciutto, napoletana (salami y setas), quetro formaggi (cuatro quesos), calabrese (choricillos), capricciosa (alcachofa y aceitunas) y la caprese que a continuación prepararemos.

  • 1 pan Ciabatta familiar cortado en rebanadas
  • 1 taza de Mozarella di Bufala
  • 1 taza de Ricotta
  • 1 taza Tomate maduro triturado (sin su piel ni semillas)
  • 1 docena Tomatines o tomates Cherry
  • 1 taza hojas frescas de Albahaca
  • 1 taza de Aceite de Oliva extra virgen
  • 1 puñado Orégano fresco
  • 1/2 docena dientes de Ajo machacados
  • Sal y pimienta fresca recién molida a gusto.

Disponemos nuestros tomatines en una fuente, añadimos el orégano fresco, salamos, bañamos con un chorrito de aceite de oliva y llevamos a horno por cinco minutos o hasta asar, Mientras tanto tostamos sobre plancha caliente las rebanadas de pan y en un bol mezclamos la Mozarella di Bufala y la Ricotta hasta formar una pasta uniforme.

Una vez todo dispuesto vertimos un chorrito de aceite de oliva sobre cada rebanada, luego refregamos sobre ella los dientes de ajo previamente machacados, esparcimos una cucharada de tomate triturado, cubrimos con una abundante capa de pasta de quesos blancos, coronamos con algunos tomates asados y hojas de albahaca fresca. Por último espolvoreamos una pizca de pimienta fresca y servimos inmediatamente.

Maridaje

Gran Reserva Sauvignon Blanc, Alto Cachapoal, Calyptra

El maridaje adecuado para bruschetta dependerá de los ingredientes usados en cada una en particular. En el caso de nuestra versión Caprese, el tomate asada y el queso Mozzarella se acompañan bien de tintos ligeros, como Pinot Noir, o de taninos amables, como el caso del Merlot. Sin embargo respetando el perfil fresco y ligero del plato una muy buena opción puede ser un blanco con cierto volumen en cuerpo como puede ser un Sauvignon Blanc con crianza en roble.

En nuestro caso hemos optado por el Sauvignon Blanc Gran Reserva de Calyptra, un blanco que a diferencia de lo habitual en la cepa no proviene de los valles costeros de clima frío e influencia marina sino que tienen su origen en la localidad de Coya, en plena precordillera del Cachapoal Andes.

Este Sauvignon Blanc pajizo y traslúcido es fermentado y criado durante 18 meses en barricas de roble francés en contacto con sus lías, lo que se refleja en su nariz con notas de durazno mauro, flores blanca, miel, suave vainilla, mantequilla y un dejo de almendras tostadas.

Cuerpo voluptuoso y elegante que equilibra muy bien el peso en boca de la pasta de Mozzarella, acidez viva que aporta balance al dulzor del toate y albahaca, y un final citrico y levemente tostado para cerrar paso en paladar

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