Rous Vineyard Ironstone Zinfandel

El 17 de Enero de 1920 entró en vigencia la Enmienda XVIII, también conocida como Prohibición, Ley Seca o Ley Maldita, que prohibía la comercialización y venta, no así la producción, de bebidas alcohólicas en todo el territorio estadounidense. La medida motivó que la gran mayoría de los vitinicultures californianos arrancaran sus parras para dedicar dichas tierras a otro cultivos; la única excepción se dio en la AVA de Lodi donde los viñedos de Zinfandel se mantuvieron, excusa de producción de uva, y el vino se producía y criaba en cavernas bajo tierra seguramente para su venta ilegal.

La polémica ley llegó a su fin en 1933 e inmediatamente los productores californianos intentaron retomar la actividad productiva sin embargo el ingreso de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial retrasó el proceso casi una década. Finalizado el conflicto buena parte de los viñedos europeos se encontraban arrasados y sus bodegas saqueadas por lo que importar vinos tampoco era una opción. En este contexto el Zinfandel de Lodi se mantuvo como el principal, y casi único, actor de la industria hasta avanzados los ’50s lo que explica el profundo arraigo de la cepa hasta el día de hoy en el gusto de los estadounidenses.

Rous Vineyard en las riberas de Mokelumne River, tierras actualmente bajo propiedad de la bodega Ironstone, es uno de estos viñedos de Zinfadel plantados antes de la ley seca, en este caso en 1900, y que entra en la valorada y escasa calificación de Ancient Vines, con un vino criado durante diez meses en barricas de roble francés que a su vez son mantenidas en cavernas subterráneas cavadas durante la fiebre del oro y que como ya mencionamos en su momentos fueron usadas para evadir la «Prohibición».

Rubí brillante de ribete claro; en nariz ciruela, cereza, berries deshidratados, violeta, clavo, vainilla, humo y lavanda.

En boca intenso y terroso con buen equilibrio entre estructura y fluidez, acidez viva, tanino amale, sabores dulces y ahumados junto a dátiles y hierbas en su final.

Vino de buen equilibrio, persistencia media, intensidad en sus notas y la complejidad «smoke & sweet» muy del gusto estadounidense.

Perfecto para maridar los clásicos de la cocina festiva norteamericana como Chilliburger, Mac & Cheese y sobre todo Brisket acompañado de Coleslaw.

Nota: 4,1 – Muy buen vino que refleja bien su estilo, cepa y origen junto a una interesante historia que contar.

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