Terrunyo Cabernet Sauvignon – la verdadero leyenda

De seguro, independiente a que sean o no expertos vinófilos, gracias a la publicidad han escuchado la historia de ciertos vinos legendarios custodiados en una bodega donde supuestamente habitaba una presencia maligna, y de seguro también tras beber el mosto en cuestión se han preguntando si en realidad eran necesario tanto drama para proteger sus botellas.

Pues bien, efectivamente don Melchor de Concha y Toro, fundador de la famosa viña que hoy lleva su apellido, guardaba sus mejores vinos, procedentes del viñedo plantado en Pirque en la segunda mitad del siglo XIX, en una bodega contigua a la casona señorial. Las preciadas botellas contenían uno de los mejores mostos producidos en aquel entonces en el Alto Maipo con un alto potencial de guarda gracias a la calidad de sus parras y un largo proceso de crianza, y para evitar el robo de estos tesoros se echó a correr el rumor de que la bodega en cuestión era hogar del mismísimo demonio.; medida disuasiva que dio buen resultado dentro del supersticioso campesinado y terminó por dar origen a la conocida marca Casillero del Diablo.

La historia se mantiene inalterable casi por un siglo, hasta que en la década del ’70 los ejecutivos de Concha y Toro deciden expandir su vino en el mercado internacional, lo que obligaba ampliar el origen de sus uvas pues el antiguo viñedo no era capaz de abastecer la demanda productiva, por lo que Casillero del Diablo cambia a DO Maipo, lo que de partida lo convierte en un vino absolutamente distinto, y las parras de Pirque Viejo se redestinaron a la recién creada etiqueta Marqués de Casa Concha, llamada así en honor al título nobiliario de su fundador.

Solo un par de décadas después Concha y Toro ya era una sociedad anónima, controlada por la familia Huneuss, deseosa de convertirse en una de las principales vitivinícolas a nivel mundial y para ello el mejor camino fue continuar exprimiendo su más “jugoso limón”.

Casillero del Diablo nuevamente cambió su DO, esta vez a Valle Central, lo que implica que sus vinos son producidos con uvas provenientes de los más de doscientos cincuenta kilómetros que van del Maipo al Maule, y su clasificación de guarda mutó a Reserva, que según nuestra legislación solo implica contener 0,5ºA más que el límite permitido para un vinos, acelerando así sus tiempos de fermentación, y no obliga a tener contacto con madera.

Por su parte Marqués de Casa Concha, otro “caballo ganador”, también amplió su producción y siguiendo el camino de Casillero cambió su DO a Maipo, condición que mantiene hasta el día de hoy, y las uvas del viñedo Pirque Viejo, en lo alto de la precordillera y en la ribera sur del río Maipo, fueron nuevamente redestinadas a una nueva etiqueta que en esta ocasión tomó el nombre de Terrunyo.

Beber hoy una copa de Terrunyo es degustar aquel vino que don Melchor protegió con celo y nos permite entender porque fue necesario recurrir a una leyenda, que invocaba al diablo en persona, para mantenerlo a salvaguarda,

Además del legendario Cabernet Sauvignon de Pirque, Terrunyo puede ser encontrado en los varietales Carmenere de Peumo y Sauvignon Blanc de Casablanca. Sin embargo a contar de su añada 2017 cambia su imagen y suma a cepa Malbec, procedente de Uco, Argentina, convirtiéndose así en la primera etiqueta transnacional del mundo andino.

Review

Terrunyo Cabernet Sauvignon proviene del cuartel Las Terrazas en el viñedo Pirque, ubicado a 650 msnm junto a la ribera sur del río Maipo y el piedemonte cordillerano en base a clones de parras plantadas previo a la filoxera que soportan un clima mediterráneo semiárido influenciado por la Cordillera de Los Andes y con una amplia oscilación térmica que ayuda a la intensificación frutal y la concentración de aromas.

Las uvas se cultivan sobre un suelo aluvial y rocoso, y tras su fermentación el mosto es criado por 16 meses en barricas de roble francés, para ser luego embotellado sin filtrar.

A la vista se nos muestra de un rubí profundo en tano su nariz entrega guindas, ciruelas, grosellas negras, arándano, cassi, pimienta, tabaco rubio e intenso mentol.

Frutal, estructurado y goloso en boca, de acidez alta y con taninos firmes marcados por el eucalipto propio de su valle; final con notas de dátiles y regaliz sumado a un exquisito alcanfor en su retrogusto.

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