Loma Larga – Malbec junto al Pacífico

Señalar al Malbec como la cepa emblema del vino en Argentina resulta un perogrullo. Basta con consignar que a nivel mundial tres de cada cuatro botellas del varietal proceden de la tierra del tango. Sin embargo lo que es menos conocido es que las uvas que hoy dominan las alturas cuyanas, aunque con raíz en Burdeos, descienden de parras nacidas en Chile.

A mediados del siglo XIX el empresario Vicente Ochagavía importó una serie de cepas francesas que sentaron las bases de la enología chilena actual. El estudio de la aclimatación de estos varietales se llevó a cabo en la en ese entonces recién fundada Quinta Normal que oficiaba como centro de investigación agrícola al estilo del Bois de Boulogne de Paris.

En aquellos años la escena vitivinícola mundial era dominada por los corpulentos y estructurados vinos bordoleses, estilo que fue muy bien reflejado en estas tierras por Cabernet Sauvignon y Merlot, sin embargo el Malbec, que en la región de Cahors produce tintos de un púrpura cerrado, cuerpo grueso y alta tanicidad, en este rincón del Nuevo Mundo en cambio se expresó particularmente frutal y ligero, cuestión que lo relegó a un segundo plano en la viticultura local.

En 1868 Domingo Faustino Sarmiento, gobernador provincial de Mendoza, comisionó al agrónomo francés Michel Almeé Puget a adquirir algunos esquejes de vides francesas en la Quinta Normal de Santiago para dar forma a un predio experimental similar en tierras cuyanas. Entre las uvas traídas se encontraba el primer Malbec plantado en Mendoza, y el resto de la historia es conocida.

La explosión del Malbec argentino en los mercados internacionales a fines del siglo XX conjunto al movimiento de la enología mundial hacia vinos más frutales, ligeros y bebibles, llevó a que nuestros productores se reencantaran con la cepa que hasta entonces solo era cultivada por algunos viñateros del valle de Colchagua.

Aunque aún distante de los volúmenes trasandinos, Chile es el segundo productor a nivel mundial del varietal y la superficie destinada a su producción es superior a la que se le destina actualmente en su natal Francia.

Hoy en día podemos encontrar cuatro perfiles de vinos en base a Malbec dentro de nuestra vitinicultura. En el valle de Colchagua muestra su clásica expresión al oeste de Los Andes, con vinos donde predomina la fruta roja sobre la negra y un marcado equilibrio entre estructura y fluidez siendo quizás Viu Manent uno de sus principales exponentes; más al sur, en los secanos del Maule y Biobío adquiere un perfil rústico y campesino, cercano a los vinos naturales gracias a su habitual vinificación en tinajas; en tanto hacia el norte, sobre todo en la zona cordillerana de Río Hurtado, en el Alto Limarí, Viña Tabalí ha logrado caldos gruesos y estrucuturados ricos en fruta negra madura, muy en la línea de los vinos mendocinos, estilo que también ha sido explorado por algunos productores del Maipo como Perez Cruz; finalmente, en uno de los giros más interesantes, la cepa también está siendo cultivada en el frío valle de Casablanca entregando mostos que soportan a la perfección una prolongada crianza en barrica sin perder su perfil frutal y ligero, trabajo en el que han destacado viñas boutique y productores medianos como Attilio & Mochi y Loma Larga.

Manuel Diaz Escudero Alvarez de Toledo siguió los pasos de Ochagavía trayendo uvas bordolesas a su “Chacra Victoria” ubicada en lo que es hoy es pleno centro de Santiago, y fue uno de los primeros visionarios en exportar vinos a Europa según consta en las actas de la Exposición de Paris de 1889.

Su descendientes en tercera generación también tuvieron la visionaria idea de lanzarse en 1999 al cultivo de variedades tintas, más allá del Pinot Noir, en el viñedo de Loma Larga dentro del frío valle de Casablanca, obteniendo magníficos resultados sobre todos en sus Cabernet Franc y Malbec.

Review

El Malbec de Loma Larga crece sobre suelos graníticos de baja productividad concentrándose en no más de seis toneladas de uva por hectárea que garantiza la concentración de sabores y aromas obtenidos durante el lento proceso de maduración. Un vez fermentado pasa por 16 meses de crianza en barricas de roble para ser luego embotellado sin filtrar.

Púrpura medio de borde rubí, con una nariz que expresa ciruela roja y negra, cereza, nuez moscada, dulce de leche, pimienta negra, violetas, grafito y cassis.

Abre frutal y especiado en boca, con acidez viva y punzante; tanino firme, sedoso, sin exceso de madero y con marcado dulzor de berries; en su final encontramos caramelo, licorice y elegante cassis.

Excelente opción para acompañar cortes jugosos de vacuno, hamburguesas, pastas con salsas rojas o tradicionales guisos como el Tomaticán.

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