Riccadonna Rosé Moscato

La historia de Riccadonna se inicia en Canelli, una pequeña aldea en el corazón del Piamonte, donde en 1921 Ottavio Riccadonna destinó sus viñedos a la producción de vinos, espumosos y vermouth en base a las variedades propias de la región. Producción que se mantuvo bajo estos mismos términos hasta 2003 cuando pasó a propiedad del gigante milanés Campari quien decidió dar fin a las líneas de vinos tranquilos y fortificados, enfocándose sólo en sus espumosos en su gran mayoría orientados a los mercados asiáticos y americanos.

La masificación de su producción y la necesidad de abrirse paso en mercados particularmente competitivos ha tenido indudables consecuencias sobre su calidad, sin embargo aquellos espumosos hechos en base a Moscato, tradicional cepa piamontesa y por consiguiente proveniente de sus viñedos más antiguos, siguen mostrando la perfomance que hiciera famosa a la marca en las mesas de Turín y Génova.

Su Asti y Dolce Rosé tienen al Moscato como uva principal. Ambas producidas en base a método charmat y de perfil dulce, obviamente mucho más marcado en la segunda etiqueta donde su residual de azúcar supera los 50mg/Lt como es habitual a todo Dolce.

Entregar un marcado dulzor sin que este resulte molesto por saturar las papilas gustativas es el principal desafío para este tipo de vinos, en especial cuando ese sabor dulce se logra en base a azúcar añadida, y la única forma de subsanarlo es con mostos de rica acidez que logren equilibrar el conjunto en boca, tarea que Riccadonna Dolce Rosé Moscato cumple con bastante éxito.

Fiel a su nombre su aspecto es de un de un suave rosado lechoso cruzado por burbujas pequeñas, abundantes y de persistencia media.

Su nariz muestra suave frambuesa, rosas rojas y licor de guindas, mientras su boca es ligera, obviamente dulce pero equilibrada en su acidez media+; final con nota metálica de delicado amargor que ayuda a neutralizar y balancear el dulzor en retrogusto.

En resumen un espumoso que entrega un grato equilibrio y buena persistencia. Aunque la intensidad de sus notas es relativamente baja y tampoco se muestra particularmente complejo, su conjunto resulta bastante grato de beber.

Vino concebido principalmente como aperitivo y acompañante de tardes de terraza pero que también entrega una buena opción de maridaje para postres de sabores similares como puede ser otro clásico del Piamonte: la Panna Cotta bañada en salsa de frutos rojos.

Nota: 3,5 – Vino correcto y equilibrado.

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