Terroir Hunter Carmenere – Ardiente paciencia

Para apreciar un vino en su máxima expresión no es indispensable mantenerlo largos años en cava, de hecho un porcentaje bastante minoritario de aquellos que podemos encontrar en los anaqueles de los supermercados reúne las características para una guarda prolongada. Pero ya sea un mosto joven o de varios años, un icono o punta de precio, existen una serie de condicionantes que nos pueden permitir “exprimirlo” al máximo.

Primero están los factores ambientales, no es lo mismo beber un blanco frío en un caluroso día veraniego que en un gélido atardecer invernal; luego el contexto en que lo bebamos, vinos gruesos y pesados de beber suelen equilibrarse con el maridaje adecuado como otros que pueden sentirse insípidos junto a un plato de comida pueden resultar muy gratos al beberlos solos o acompañados tan solo de algún piqueo menor. También debemos considerar la temperatura de servicio que se resume en que los blancos y tintos ligeros se aprecian mejor fríos, en tanto los tintos de buen volumen en cuerpo expresan mejor sus notas a temperatura ambiente; y por último el factor quizás más determinante, y el que muchas veces se pasa por alto, es la correcta oxigenación del mosto.

Paradojálmente el oxígeno es el principal enemigo del vino en su etapa de producción y por lo mismo se toman todas las medidas, incluida la adición de sulfitos, para controlar su presencia, pero una vez descorchado se convierte en un aliado imprescindible ya que en primera instancia permite liberar el característico “olor a encierro” y luego contribuye a que la expresión de los aromas presentes en el mosto.

No debemos confundir oxigenar con decantar. Para lo primero basta con que tras descorchar sirvamos media copa de vino para testear su estado y aumentar la presencia de oxigeno en botella, y esperar pacientemente entre una y tres horas hasta que el caldo esté en su punto. En tanto la decantación está reservada para vinos Gran Reserva, en su mayoría tintos, que han tenido una prolongada guarda en nuestras cavas. El objetivos es eliminar los pozos o barros presentes en la botella, los que en ningún caso implican un defecto o que el vino se encuentre estropeado, sino se deben al decante de los sólidos disueltos o la unión de pequeños cristales.

Sin embargo también podemos apresurar la oxigenación por medio de un decantador. En este caso hablamos de “airear” el vino y para ello aprovechamos la ancha base del contenedor para que una mayor superficie esté en contacto con el aire.

Hasta el vino más humilde se beneficia de los efectos de “dejarlo respirar”, incluso lo hacemos en forma natural e inconsciente al agitar constantemente la copa, pero es en aquellos dotados de una paleta aromática más compleja, un mayor buqué, en donde el proceso resulta imprescindible para apreciar dichos ejemplares en toda su magnitud.

En este punto vale la pena preguntarse ¿qué tan conveniente resulta pedir vinos de determinada calidad en un restaurant si estos no alcanzarán una buena oxigenación? Lo cierto es que si la compañía es grata y la cena sabrosa, el vino resultará igualmente satisfactorio, sin embargo si el foco está en el mosto quizás sea mejor degustarlo en algún Wine Bar especializado donde algún sommelier lo sirva en su plenitud o berberlo en casa donde podamos notar su evolución en copa.

No es de extrañar que algunos ejemplares de intensos y complejos continúen abriendo su paleta aromática incluso a un par de días de haber sido descorchado y es con estos vinos que vale la pena tener una particular paciencia que la final resulta siempre bien recompensada.

Los tintos de la excelente familia Terroir Hunter de Viña Undurraga, producidos bajo la mano del enólogo Rafael Urrejola, resultan una buena muestra de vinos donde su paleta aromática se intensifica y expande con una oxigenación prolongada y en particular su Carmenere.

Review

El TH Terroir Hunter Carmenere proviene de un viñedo plantado en 1998 sobre suelos de arcilla roja sobre roca granítica descompuesta ubicada en la localidad de Peumo, uno de los mejores terroir para la cepa, en el extremo occidental del valle de Cachapoal, zona de clima cálido en verano que asegura la maduración pero con una leve influencia del Océano Pacífico que aporta brisas suaves permitiendo que las uvas conserven su acidez y frescor.

En su vinificación tiene una crianza de 12 meses en barrica de roble francés, donde 30% de ellas son de primer uso.

El vino se nos presenta de un grato carmín oscuro con trazas violetas y borde claro, pero hoy lo que nos convoca es su evolución conforme oxigena.

Tras dar algunos minutos de aire luego de descorchar el vino ya muestra sus predominantes notas de fruta negra expresada en compota de mora, cereza madura, suave vainilla, abundante especiado, pimiento rojo asado y nota final de pirazina conforme a la personalidad propia del Carmenere. Sin embargo si le damos nuevamente una mirada dos días después notaremos que la fruta negra aumento intensidad pero se expandió sumando, a la compota de mora, arándano y maqui; la vainilla ha dado paso a un exquisito cassis y la nota de pirazina ha cedido considerablemente.

Pero si queremos estirar la cuerda al máximo a cuatro días de descorche (manteniendo el vino cerrado con Vacuum) el aroma a fruta negra se ha abierto por completo resultando envolvente, surjen notas de guindas en almibar, la pimienta blanca resalta dentro del especiado y la pirazina practicamente ha desaparecido.

Si vemos paralelamente los mismos tiempos en boca recién descorchado destaca su fruta madura, acidez media/alta, tanino muy especiado y final con intenso café expreso y dejo a pimiento verde; a los dos días los sabores se han intensificado notoriamente en especial la fruta que resulta punzante y el especiado en los taninos alcanzando sin dudas su mejor punto de sabor; sin embargo ya al cuarto día, cuando la nariz está en su punto más alto, la oxidación se hace evidente apagando su fruta, disparando acidez y aportando amargor final.

En conclusión les recomiendo descorchar este Carmenere el viernes por la mañana para disfrutar de todo su esplendor el domingo por la tarde cerrando de paso de muy buena forma el fin de semana.

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