Costa Cuarzo – Colchagua con Limón y Sal

Una forma simple de explicar las diferencias entres las DOs (Denominación de Origen) del Nuevo Mundo y las DOCGs o AOPs (Denominación de Origen Controlada y Garantizada / Apelación de Origen Protegida) europeas es comparándolas con un Certificado de Nacimiento y un Curriculum Vitae. El primero solo menciona la fecha y lugar donde nacimos y quienes son nuestros padres, osea describe nuestro origen, mientras el segundo detalla nuestros datos personales, académicos y laborales, en otras palabras resume quienes somos.

Para ilustrar lo anterior con un ejemplo la AOP francesa Cotés du Rhóne engloba la procedencia de las uvas, cepas a utilizar, antigüedad mínima de las vides, tipo de riego, rendimiento máximo por hectárea y proceso de vinificación. De esta forma si bien hay diferencias de calidad entre una y otra bodega, la denominación en la etiqueta de antemano nos da luces sobre qué esperar en este vino.

Por contraparte y como ejemplo una DO Maipo tan sólo nos dice que determinado vino proviene del valle surcado por el río del mismo nombre y que para fines vitivinícolas presenta cerca de 80 km de extensión, lo que en términos prácticos implica que un ejemplar nacido al pie de Los Andes, con un bajo rendimiento y un par de años de crianza en roble contará con la misma DO que otro cultivado bajo influencia costera, producción masiva y paso de sólo unos meses por barrica.

La ambigüedad de este certificado de nacimiento se vuelve más latente en aquellos valles particularmente amplios y que abarcan terroirs muy diversos entre si como es en Chile el caso de Colchagua.

Los Lingues es actualmente el terroir más al levante de Colchagua, enclavado junto a los contra fuertes de la Cordillera de Los Andes, de suelos volcánicos, clima cálido y fríos vientos que descienden cada tarde desde las montañas, produce tintos de lenta maduración, frescos y con cuerpo más bien ligero; en tanto Apalta, que también es Colchagua, es un valle rodeado por las cerros del extremo oriental de la Cordillera de la Costa que proyectan sombra y a la vez protegen de los vientos de cordillera y costa, suelos de origen coluvial y clima mediterráneo semi desértico, entrega tintos maduros de alta concentración frutal y blancos estructurados; pero más al poniente Marchigüe también pertenece a Colchagua, ubicado en amplias serranías de baja altura a 30 kilómetros del Océano Pacifico, con clima mediterráneo de influencia costera y suelo rocoso y arcilloso de origen aluvial, su mejor expresión está en aquellos tintos que se benefician de una maduración lenta y pausada; y finalmente Paredones también comparte la DO Colchagua, pero acá hablamos de un terroir a menos de diez kilómetros de la linea costera, bañado casi a diario por la niebla procedente del Pacífico, con suelos de granito amarillo, rocas de cuarzo y clima frío costero, produce vinos ligeros y punzantes, destacando entre estos Sauvignon Blanc y Pinot Noir.

En esta confusa mezcla de diversas identidades unidas bajo un mismo nombre, sin duda los mayores perjudicados fueron los vinos blancos. Las condiciones en su mayoría cálidas para el amplio valle entrega vinos de cuerpo grueso donde tan solo se favorece el magnífico Semillón que crece en Apalta, pero las demás cepas corrían en clara desventaja frente a los frescos y ligeros caldos que llevan los nombres de Casablanca, San Antonio o Limarí en su etiqueta.

La exigencia de los productores por generar una mayor identidad, tanto en Colchagua como en otros grandes valles, permitió la modificación de la normativa que rige las DOs, y que históricamente había tenido fines netamente administrativos.

De esta forma, desde la añada 2018 en adelante, se dio reconocimiento a algunas localidades rurales sin necesidad de tener el estatus de comuna, entre ellas Los Lingues y Apalta; y aquellos vinos producidos en localidades de pie cordillerano o en la franja costera se les permitió añadir a sus valles el apellido Andes o Costa respectivamente.

Los grandes ganadores con esta medida son los magníficos Cabernet Sauvignon cultivados en la precordillera de Peñalolen, Puente Alto, Buin y Pirque, que ahora bajo la DO Maipo Andes pueden distinguir su calidad de aquellos cultivados río abajo y los frescos, ligeros y minerales blancos procedentes de Paredones y Lolol que han encontrado en Colchagua Costa una denominación que los identifica, diferencia y permite ser reconocidos.

Casa Silva y Viña Koyle, dos bodegas que comparten su origen en el sector de Los Lingues, son las que ha apostado más fuertemente por la producción de blancos y variedades tintas de clima frío en la costa de Colchagua.

Viña Koyle es el actual proyecto de la familia Undurraga, tras salir de la propiedad de la centenaria bodega que lleva su apellido luego que esta pasara a control del consorcio Picciotto/Yurazeck.

En este nuevo comienzo juega un rol clave la figura del enólogo Cristobal “Toti” Undurraga, quien tras haber laborado en el mítico Chateau Margaux de Burdeos y haber sido la mano derecha de Aurelio Montes en los inicios de Kaiken en Mendoza, conocía de primera mano la experiencia de poner en marcha una bodega y como centrar su producción en la calidad por sobre el volumen. Además era el único de los hermanos en no haber trabajado en Viña Undurraga, lo que le dio cierta libertad emocional a la hora de abandonar el Maipo e iniciar un nuevo proyecto.

A la vez de establecer sus cuarteles en Los Lingues, donde se centra la producción de sus tintos, Viña Koyle se lanzó a la tarea de explotar el inmenso potencial, hasta ese entonces desconocido, del terroir de Paredones para la producción de Sauvignon Blanc y Pinot Noir, replicando a pequeña escala lo que Pablo Morandé hiciera veinte años antes en Casablanca.

A poco andar los Undurraga demostraron que producir blancos de calidad en Colchagua no era una causa pérdida y ahora identificados en su etiqueta con una denominación que expresa a cabalidad su origen han obligado a poner los ojos en la costa colchaguina moviendo así las fronteras del Sauvignon Blanc.

Review

Desde los suelos de granito amarillo de Paredones, a nueve kilómetros del Océano Pacífico, Koyle nos estrega su Costa Sauvignon Blanc, que con un 30% de su mosto criado tres meses en barricas de roble apuesta por la elegancia y la opción de guarda; pero la mayor expresión del frescor mineral de este terroir está en su hermano Costa Cuarzo, sin paso por roble y fortalecido tan solo por algunos meses de reposo en sus lías.

La escasez de nutrientes de las terrazas costeras permite un natural bajo rendimiento donde el mineral aportado por las rocas de cuarzo presentes en el suelo y la salinidad marina capturada de la constante niebla matutina se concentre en un reducido número de uvas, entregándonos así un vino limpio y traslúcido con una nariz rica en duraznos blanco, melón, espárragos y sobre todo sal.

Resalta su ligereza en boca, con suaves notas de jengibre y te blanco seguidas de una refrescante acidez tensa y punzante para culminar en un final particularmente largo para un blanco con marcada presencia mineral.

Costa Cuarzo es un vino ideal para pasar calurosas tardes veraniegas, acompañar frescas recetas marinas o platos donde se necesite equilibrar algún picor como el de la salsa Huancaína.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s