Flaherty Aconcagua

Ya sea como una silueta al amanecer, teñido de tonos rosáceos al ocaso, bañado por los rayos lunares a medianoche o erguido como una isla sobre las nubes, la visión del monte Aconcagua, el más alto fuera de los Himalayas, resulta un espectáculo conmovedor al que no se puede dejar de prestar atención cuando se vuela de Santiago de Chile a Mendoza, Buenos Aires o algún otro punto del Atlántico.

Aconcagua es sinónimo de grandeza, como el monte y río que llevan el nombre, y de hazañas épicas , como el cruce de Los Andes realizado en sus faldeos por el Ejercito Libertador o el primer ascenso a su cumbre coronado por el suizo Matthias Zurbriggen en 1897; y en materia vitivinícola no es la excepción.

Fue en este valle donde los conquistadores plantaron las primeras vides procedentes de las Islas Canarias y que hoy conocemos como uva País; para luego, en el último siglo, dar cabida a variedades oriundas de Burdeos, Borgoña, el Ródano y la Rioja hispana.

A simple vista, y en un mercado donde priman los varietales como es el caso de Nuevo Mundo, pareciera que Aconcagua tiene menor presencia que otros valles por razón de no contar con una cepa la que se identifique en particular como si son los casos del Maipo y el Cabernet Sauvignon, el Maule y el Carignan o los valles fríos de Casablanca y San Antonio y el Sauvignon Blanc por mencionar algunos ejemplos. Muy por el contrario sus terroir se caracterizan por la convivencia de una amplia variedad de uvas que armoniosamente unidas por el río que, cual hilo conductor, desciende de Los Andes al Pacífico, abren un mundo de opciones al unirlas en un coupage.

Las terrazas precordilleranas favorecen el Cabernet Sauvignon, mientras las otras cinco bordolesas tintas crecen bien en el curso medio del río; su caluroso clima semi desértico ha permitido la adaptación del Tempranillo y el Viognier, a la vez que la brisa que se interna casi un centenar de kilómetros desde el océano refresca un magnífico Syrah y los suelos de terraza de su franja costera permiten que Chardonnay y Pinot Noir se sientan en casa.

Si bien podemos encontrar extensos viñedos con grandes volúmenes de producción, en general el espíritu de este valle es mucho más cercano a lo que podemos encontrar en la campiña europea, sobre todo en la zona de Panquehue a perfecto medio camino entre las cordilleras de Los Andes y La Costa; lugar que alberga pequeñas viñas boutique, cada una con un reducido catálogo de etiquetas en su mayoría centrado en ensamblajes de alta calidad, donde la bodega y el terroir priman por sobre las cepas usadas.

En Enero de 2004 con ocasión de The Berlin Tasting, una cata a ciegas que reunió a los más destacados críticos europeos con el fin de evaluar algunos de los vinos más destacados de Chile, Francia e Italia, tres vinos procedentes del valle de Aconcagua se ubicaron entre los diez mejor evaluados y dos de ellos estuvieron incluso muy por encima de los afamados Premier Grand Cru Classé de los franceses Chateau Lafite, Chateau Margaux y Chateau Latour.

Seña de Viñedo Chadwick, uno de los grandes ganadores de la jornada, es un bordolés perfecto por contener las seis cepas oriundas de Burdeos y que ha obtenido las máximas calificaciones de parte de Robert Parker y James Suckling, con 22 meses de guarda en barrica de roble francés, es quizás la máxima expresión de la compleja riqueza del valle de Aconcagua que también podemos apreciar en Don Maximiano Founder’s Reserve, uno de los íconos de Viña Errázuriz, también bordolés y entre los elegidos en The Berlin Tasting. Aunque no podemos obviar que al referirnos a vinos de un costo de U$ 200.- y U$ 100.- por botella respectivamente beberlos puede ser considerado un privilegio.

En el quizás más asequible rango de los U$ 50.- Viña Von Siebenthal nos da una mirada a la riqueza vitivinícola de Panquehue con Toknar, quizás el mejor Petit Verdot nacional y Montelig, donde la cepa antes mencionada se une casi en partes iguales al Cabernet Sauvignon y Carmenere para entregarnos una de las mejores relación precio calidad dentro de los llamados íconos.

Pero para la mayoría de los mortales, que tan sólo buscamos un buen vino con el que brindar con los amigos o acompañar el asado familiar del fin de semana, por debajo de los U$ 20.- Parcela #7, otro bordolés de Von Siebenthal, o la muy interesante Mezcla Tinta de Flaherty Wines nos permitirán acercarnos a la exquisita riqueza de los ensamblajes nacidos en Aconcagua.

Ed Flaherty es un californiano que arribó a Chile junto a sus esposa Jenny en 1993 y que tras trabajar como enólogo ejecutivo en destacadas bodegas nacionales, enamorado del terroir de Aconcagua, estableció su propia viña boutique en 2004, siendo también desde esa fecha una de los miembros fundadores del MOVI (Movimiento de Viñateros Independientes) jugando un importante rol en la promoción de los pequeños productores.

Review

“Fortune Flavours the Brave” (La fortuna favorece a los valientes) es la única leyenda que en la añada 2018 podemos encontrar en la etiqueta de la mezcla tinta de Flaherty Wines, además del nombre de la bodega y su origen en el valle de Aconcagua, que es lo que se busca poner en valor sobre las cepas que lo componen.

A pesar de lo anterior cabe señalar que hablamos de un coupage 60% Syrah, 17% Cabernet Sauvignon y 13% Petit Verdot provenientes de pequeños viñedos de suelo coluvial en las proximidades de Panquehue, y un 10% Tempranillo extraído de Magnolio Home Vineyard, viñedo propiedad de Flaherty, emplazado en la cálida zona de Santa María, una veintena de kilómetros al oriente.

Como es de esperar por su alto componente de Syrah a la vista se nos muestra de un rubí profundo de trazas violetas y ribete claro, pero lo que si sorprende, en especial para vinos de corta edad y su rango de precio, es su exquisita complejidad en nariz con notas arándano, mora en compota, grosella negra, dejo láctico, vainilla y caramelo, cuero, humo. violeta y lavanda, menta fresca, café tostado, regaliz y cassis.

En boca nos referimos a un vino intenso, elegante, complejo, seductor y de una sorprendente evolución en copa donde abre ligero, frutal, vivo y de acidez persistente, para luego entregar su tanino firme y sedoso, y en su intenso y largo final café expreso, dátiles, regaliz, además del perfecto balance entre el fresco mentol y el cálido alcanfor de su retrogusto.

Un vino perfecto para ver evolucionar en cava esperando que aparezcan sus aromas terciarios, pero también para acompañar guisos especiados de cordero, cortes de vacuno asados o cerdo ahumado y cocinado en salsa barbeque.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s