Marqués de Casa Concha Merlot – la elegancia del Maule

Hablar de vinos St. Émilion o Pomerol, ambos oriundos de la Gironda, es referirse a dos de la AOPs más valoradas en Francia y que además de su origen tienen en común ser hechos en base a uva Merlot, lo que explica porque la cepa es tan preciada en el país galo y sobre todo en Burdeos.

Pero en el Nuevo Mundo no ha tenido igual suerte siendo de sobra conocido el llamado “efecto Sideways”, película de 2004 donde una frase de su protagonista, interpretado por Paul Giamatti, en contra del varietal provocó que sus ventas cayeran en un 33% en los Estados Unidos con una posterior disminución de un 16% en la superficie plantada que fue redestinada al Pinot Noir.

Una década antes el Merlot había vivido en Chile otra comedia de equívocos, que si bien no fue llevada al cine bien daba para un guión y terminó por redundar en un desastre para la cepa y por ello nos referimos al redescubrimiento del Carmenere.

Esta historia, de sobra conocida, siempre es mirada desde las perspectiva de la cepa bordolesa que se creía extinta por la filoxera y que tras permanecer más de un siglo oculta entre las plantaciones de Merlot terminó por convertirse en el emblema del vino chileno.

Sin embargo si revisamos los hechos desde el ángulo de la uva oriunda de la Gironda toda la épica se convierte en tragedia.

A comienzos de los ’90 el vino chileno vivía un boom exportador merced de la apertura comercial y tratados de libre comercio firmados tras el fin de la dictadura militar. La oferta comercial de la mayoría de los grande productores se basaba entonces principalmente en tres varietales: Chardonnay, Cabernet Sauvignon y Merlot.

El redescubrimiento del Carmenere, que rápidamente fue conocido por viticultores y amantes del vino a nivel mundial. dejaba en evidencia que el Merlot nacional en realidad no era tal, o al menos no en un 100%. La solución a la engorrosa situación tampoco pasaba por etiquetar los vinos de buenas a primeras como Carmenere ya que las vides de ambas cepas se encontraban completamente mezcladas al interior de los viñedos.

Pensar en separar las uvas durante la vendimia resultaba inviable por los costos involucrados y la única opción era reorganizar los cuarteles al interior de las plantaciones para lo que resultaba necesario arrancar una de las variedades y dado que el Carmenere, además de tener tronco y raíces más firmes, prometía convertirse en la nueva estrella del vino nacional el Merlot terminó siendo el gran damnificado.

La reubicación del varietal no afectó en gran medida a los vinos cosecha o reserva y su producción se repuso a la vuelta de un par de añadas, pero en el caso de los mostos Gran Reserva y Alta Gama, que requieren años de asentamiento en un determinado terroir para brindar los atributos esperados además de los meses de crianza en barrica y reposo en botella, la producción se pausó en algunos casos por más de una década e incluso en la actualidad Merlots nacionales de calidad sobresaliente resultan un bien escaso y preciado.

Un caso emblemático y ejemplificador es lo ocurrido con la línea Marqués de Casa Concha, línea Gran Reserva de Viña Concha y Toro.

La etiqueta, que toma su nombre de unos de los títulos nobiliarios de don Melchor Concha y Toro quien fundará la viña a fines del siglo XIX, hizo su debut en 1976 tras lanzar su Cabernet Sauvignon añada 1972 en base a uvas procedentes del viñedo Puente Alto en la ribera norte del río Maipo.

El éxito comercial llevó a que en 1989 ampliarán la linea a la cepa Chardonnay extraída entonces del viñedo Santa Isabel de Pirque y un año más tarde se incluyera también el Merlot oriundo de la plantaciones de Concha y Toro en la localidad de Peumo que hoy bien sabemos es uno de los mejores terroir para el cultivo del Carmenere.

La reorganización del viñedo Peumo llevó a que su plena producción se recuperará a la vuelta de más de una década y Marqués de Casa Concha Merlot recién retornó en la añada 1997 mientras el Carmenere hace su debut formal en 2008.

El éxito del Carmenere llevó a la ampliación de sus cuarteles en Peumo, cuestión que obligó a trasladar definitivamente la producción de Merlot a San Clemente en el corazón del valle del Maule, DO que podemos encontrar a contar de su añada 2015.

La cepa aún no termina de encontrar un lugar definitivo en los valles nacionales o quizás al contrario se encuentra en proceso de reconquista de los terroir que le fueron arrebatados.

Expresa un clásico perfil robusto y estructurado en el curso medio del Maipo, como muestran los vinos de Viña Santa Ema que ha hecho del varietal su insiginia; sedoso en los faldeos de la Cordillera de la Costa en Marchigüe, hogar del otrora Ecos de Rulo hoy La Joya Single Vineyard de Bisquertt; particularmente elegante en la precordillera curicana como lo apreciamos en el Trisquel Altitud de Aresti; y finalmente ligero y frutal, aunque no por ello menos distinguido, en el corazón maulino, nuevo hogar de la variedad para Marqués de Casa Concha.

Review

Nuestro vino crece sobre terrazas y pendientes aluviales en la ribera norte de río Maule que con su brisa refrescante permite una lenta maduración que asegure la acidez y bajo un clima mediterráneo de alta oscilación térmica en verano que ayuda a la concentración de su fruta.

Marqués de Casa Concha cuenta con un 10% de aporte de Malbec que ayuda a resaltar su carga frutal, además de aportar ciertas notas de cassis y dulzor a sus taninos, y una crianza de 18 meses, 50% en barricas de roble francés y 50% en fudre de 5.000 litros.

A la vista se nos presente de un rubi profundo de reflejos púrpura y borde claro. En nariz abunda fruta roja en su madurez exacta, guinda, cereza, frambuesa y zarzaparrilla; esas notas herbáceas de violeta tan propias del Maule, suave dulce de leche y sotobosque.

En boca abre con fruta viva, suerte de jugo de granada, marcada acidez, tanino sedoso con dejo achocolatado y madera por integrar, cassis y cacao bitter en su final.

Vino que abunda en seda y marida muy bien platos de igual textura. Pastas rellenas, sobre todo canelones, cremas de maiz, carnes mechadas y sobre preparaciones en base a queso son su mejor compañía, desde un tradicional Barros Luco criollo a un sofisticado Fondue Neuchateloise.

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